Limpia la cama cada mañana.
Limpiar la cama inmediatamente después de despertarse es un paso sencillo pero crea la sensación de que el dormitorio está ordenado de inmediato. Solo tienes que doblar la manta, ajustar las almohadas y las sábanas, el espacio se verá más limpio y te ayudará a comenzar el nuevo día de forma positiva. Si no limpias la cama hasta la tarde, cuando estás cansado, esto se pasa por alto fácilmente.
Limpia el refrigerador semanalmente
El refrigerador suele estar desordenado después de una semana de almacenamiento de alimentos. Una vez a la semana, revisa y elimina los artículos caducados o no utilizados. Al mismo tiempo, limpia rápidamente las manchas o los líquidos derramados para mantener el refrigerador limpio y limitar el moho.
Limpiar después de la cena
Lavar los platos inmediatamente después de comer ayuda a mantener el fregadero limpio y evitar la acumulación de suciedad. Este hábito no solo mantiene la cocina ordenada, sino que también hace que la limpieza sea mucho más fácil.
Lavar según un horario fijo
Elige un día específico de la semana para lavar la ropa, como el domingo. Preparar una cesta para ropa sucia y lavar la ropa a una hora fija te ayudará a mantener la rutina. Combinar la lavandería con actividades relajantes como ver películas también hará que el trabajo sea menos pesado.
Aprovecha la cesta de clasificación
Usar cestas para cada propósito (ropa sucia, zapatos, objetos quebradizos, objetos que se deben llevar arriba...) ayuda a que la casa esté más ordenada. Clasificar claramente ahorrará tiempo y esfuerzo al limpiar.
Además, mantener el hábito de aspirar periódicamente también es una forma eficaz de mantener el espacio vital limpio. Cuando estas pequeñas cosas se conviertan en un hábito, ya no tendrás presión cada vez que visiten.