Aumentar las verduras crucíferas y las bayas
Las verduras como el brócoli, la col rizada o el rábano de Bruselas contienen muchas vitaminas y compuestos vegetales como el sulforafano y el indole-3-carbinol. Estas sustancias apoyan la activación de enzimas desintoxicantes, ayudando al hígado a procesar y eliminar sustancias nocivas, incluidos los agentes cancerígenos. Mantener las verduras crucianas varias veces por semana puede ayudar a que el hígado funcione de manera más eficiente.
Mientras tanto, los arándanos, las frambuesas, las fresas o las cerezas son muy ricos en polifenoles y antocianinas, un grupo de antioxidantes que pueden proteger las células hepáticas del estrés oxidativo, un factor que aumenta el riesgo de daño y cancerización celular.
Complementar fuentes de grasas omega-3
Los alimentos fritos o los alimentos que contienen grasas trans pueden promover la inflamación crónica en el cuerpo. En cambio, se deben priorizar las fuentes de grasas saludables ricas en omega-3 como pescado graso, semillas de lino o nueces. Los omega-3 pueden ayudar a reducir los triglicéridos, mejorar la sensibilidad a la insulina y limitar la formación de cicatrices hepáticas, uno de los factores de riesgo que conducen al cáncer de hígado.
Priorizar los cereales integrales en lugar de los almidónes refinados
Los carbohidratos refinados como el pan blanco, los pasteles o los alimentos ricos en azúcar pueden aumentar rápidamente el nivel de azúcar en sangre, lo que hace que la grasa se acumule fácilmente en el hígado. Para limitar esta situación, se deben complementar alimentos ricos en fibra como la avena, la cebada o el arroz integral. Ayudan a estabilizar el azúcar en sangre, apoyan el microbioma intestinal y reducen las respuestas inflamatorias en el cuerpo. Todos estos son factores relacionados con la salud hepática y el riesgo de cáncer de hígado. Además, una dieta rica en fibra también ayuda a limitar la grasa hepática no alcohólica.
Comer más ajo y cebolla
El ajo y las cebollas contienen muchos compuestos de azufre naturales que ayudan al hígado en el proceso de desintoxicación. La sustancia activa alicina en el ajo también tiene propiedades antioxidantes, ayuda a reducir la acumulación de grasa en el hígado y mantiene la actividad enzimática estable. La suplementación regular de estos dos alimentos también puede ayudar a proteger las células del daño al ADN, contribuyendo así a reducir el riesgo de cáncer a largo plazo.
Beber té verde de forma adecuada
A diferencia de los refrescos o bebidas azucaradas que aumentan fácilmente la grasa hepática, el té verde contiene catequinas, antioxidantes vegetales beneficiosos para el hígado. Estos compuestos ayudan a mejorar el metabolismo de las grasas, ayudan a reducir la inflamación y protegen las células hepáticas. Para limitar el impacto en la capacidad de absorción de hierro, se debe beber té verde aproximadamente 1-2 horas después de las comidas o por la mañana. Las personas sensibles a la cafeína deben evitar usarlo cerca de la hora de acostarse.