En la edad preescolar, los niños no entienden completamente los conceptos de ley, propiedad o derechos. Actúan principalmente basándose en lo que los adultos les enseñan y dan ejemplo. Cuando un niño encuentra un objeto valioso sin pensar en guardarlo para sí mismo, no es por instinto, sino como resultado del proceso de nutrición moral en la familia.
Enseñar a los niños a no ser codiciosos con los objetos de los demás no es una historia lejana. Es una lección diaria, que comienza con situaciones específicas. Cuando los niños toman tus cosas por error, los padres deben explicar claramente: "Esas no son tuyas". Cuando los niños recogen dinero, los adultos deben buscar con sus hijos formas de devolverlo o entregarlo a la persona responsable. Más importante aún, elogiar cuando los niños hacen lo correcto para que se sientan orgullosos de su honestidad.
En la sociedad moderna, cuando los valores materiales son cada vez más valorados, los niños se ven fácilmente arrastrados al pensamiento de que tener muchas cosas bonitas y mucho dinero es un éxito. Si carecen de una base moral sólida, los niños pueden sacrificar la honestidad para lograr lo que quieren. Por lo tanto, la educación sobre la integridad debe ser una prioridad.
La familia es la primera y más importante "escuela". Los niños observan cómo se comportan sus padres ante cualquier situación. Si los adultos están dispuestos a tomar comodidades para sí mismos aunque sepan que no es correcto, los niños las recordarán y las repetirán. Por el contrario, si los padres siempre respetan los bienes de los demás, no toman el trabajo como propio, no pierden los principios por pequeños beneficios, los niños formarán estándares morales claros.
Además de la familia, la escuela también juega un papel insustituible. En preescolar y primaria, los cuentos de hadas sobre la honestidad, las horas de actividad para recordarles que no tomen tus cosas, los juegos de compartir... son la base para la formación del carácter. La educación moral no es una lección rígida, sino una repetición persistente de los valores correctos en el entorno de aprendizaje y la vida diaria.
Enseñar a los niños a no ser codiciosos no significa enseñarles a soportar o ser desfavorecidos. Por el contrario, es enseñarles a respetar a los demás y a respetarse a sí mismos. Cuando los niños entienden que esa cosa es el esfuerzo laboral de alguien, los niños sabrán apreciar el valor del trabajo y los derechos de propiedad. Cuando los niños están orgullosos de hacer lo correcto, construirán la autoestima, un activo intangible pero sostenible para toda la vida.
Una sociedad civilizada debe construirse a partir de ciudadanos conscientes. Y sembrar semillas desde muy temprano, a través de lecciones aparentemente simples: No tomar cosas de otros, encontrar objetos perdidos debe devolverlos, no hacer el mal por el beneficio inmediato.
La historia de una niña de jardín de infancia devolviendo su teléfono no es solo un acto de belleza. Es una prueba de que, si se les enseña correctamente, los niños pueden formar buenas cualidades muy temprano. En un contexto social que todavía tiene muchas manifestaciones de lucro y engaño, tales acciones encienden la creencia de que la base moral todavía se está cultivando. Y ese es el "activo" más valioso que cada niño necesita llevar consigo al entrar en la vida.