En el año escolar 2026-2027, el Departamento de Educación y Formación de Hanoi ha solicitado a las escuelas privadas que no cobren tarifas de reserva, depósitos o tarifas fuera de las regulaciones al inscribirse en el grado 10. Esto no es solo una directiva administrativa, sino un mensaje claro: La admisión debe ser transparente, justa y poner los intereses de los estudiantes por encima de todo.
La realidad de muchos años ha demostrado que la tarifa de reserva no es pequeña. Algunas escuelas cobran varios millones de VND, y algunas hasta decenas de millones de VND. Para muchas familias, especialmente las familias con ingresos medios, pagar dinero a 2-3 escuelas al mismo tiempo para "prevenir riesgos" es una carga significativa.
Por el contrario, las escuelas explican que la recaudación de tasas tiene como objetivo limitar los expedientes "virtuales", evitando la situación en la que los padres se registran y luego se retiran, interrumpiendo los planes de admisión. Este argumento no es irrazonable. Sin embargo, el problema radica en: ¿Se pueden manejar los "expedidos virtuales" empujando los riesgos financieros a los padres?
Cuando el dinero no se devuelve o solo se devuelve parcialmente si los estudiantes no ingresan, entonces "reservar un lugar" ya no es simplemente una medida técnica de gestión, sino que se convierte en un mecanismo de selección basado en la capacidad de pago. Esto crea fácilmente una sensación de injusticia, especialmente en el contexto de la admisión al grado 10 que ya está llena de presión.
Las escuelas privadas tienen autonomía en la admisión, pero esa autonomía debe ir acompañada de responsabilidad social. La educación no es una transacción puramente de mercado. Todas las políticas de admisión afectan directamente la psicología de los estudiantes y las condiciones económicas de las familias.
La directiva de no cobrar tarifas de reserva debe verse como un paso para reforzar la disciplina. Si se permiten que existan tarifas bajo muchos "nombres diferentes", pero la esencia sigue siendo depositar para reservar plazas, entonces la regulación se invalidará en la práctica.
Más importante aún, si falta un mecanismo de supervisión y manejo estricto, las regulaciones tendrán dificultades para entrar en la vida. Considerar ajustar o no asignar objetivos de admisión a las escuelas infractoras es una herramienta poderosa. Pero esa herramienta solo tiene efecto cuando se aplica de manera sustantiva y transparente.
La temporada de admisión al grado 10 no es solo una historia de escuelas y padres. También es una medida de la confianza en la equidad del sistema educativo.
La admisión al décimo grado ya es estresante. No se deben permitir que los "reservas" aumenten la carga psicológica y financiera para la familia. El control estricto, el manejo estricto, la transparencia pública serán formas de garantizar que los derechos de los estudiantes siempre se coloquen en el centro.