La Sra. Nhung, profesora de una gran escuela en Hanoi, me dijo que, antes de la hora de distribución de los exámenes, mientras la niña que iba al examen todavía charlaba tranquilamente con sus amigos, la madre fuera de la puerta de la escuela caminaba continuamente de un lado a otro, el teléfono no le quitaba la mano con una cara tensa. O la escena del padre despidiendo a su hija al examen, tomando la mano de su hija con fuerza, con una cara sonriente pero pesada como si llevara toda la preocupación. Durante muchos años, cada temporada de exámenes aparece una paradoja. La persona que sufre la mayor presión psicológica a veces no son los candidatos, sino los padres.
Esa preocupación proviene del amor y la aspiración legítima de que su hijo haga bien el examen, para tener un futuro brillante. El amor a menudo va acompañado de expectativas. Y cuando las expectativas superan los límites, el examen del niño se convierte involuntariamente en una prueba de capacidad para los propios padres.
Muchas personas se quedan despiertas hasta tarde y se levantan temprano con sus hijos, nerviosas antes de cada anuncio de resultados, incluso llevando un estado de ánimo pesado durante muchas semanas seguidas solo por una puntuación insatisfactoria. En realidad, lo que agota a los adultos no es necesariamente la presión de los deberes de sus hijos, sino el miedo a quedarse atrás en una carrera invisible. Al mirar a los "hijos de otras personas" que estudian más, tienen notas más altas, son admitidos en escuelas especializadas y clases selectas, no pocos padres caen en la trampa psicológica. El éxito de los niños, desde cuándo, se ha convertido en una medida de la dignidad de los adultos.
Pero la vida no tiene una sola respuesta. Un examen puede ser importante, pero no puede decidir el futuro. No pocas personas exitosas han pasado por temporadas de exámenes fallidos. Y tampoco faltan los mejores estudiantes que todavía luchan por encontrar un lugar en la sociedad.
Lo que los estudiantes necesitan en la temporada de exámenes es confianza, aliento e incluso consuelo y apoyo si desafortunadamente fracasan, es una plena conciencia de que su valor no se limita a unos pocos números en la hoja de calificaciones.
La temporada de exámenes pasará, las notas también se convertirán en algo viejo. Pero la sensación de confiar o el daño por ser juzgados quedará grabado en la memoria de los estudiantes.
En estos calurosos días de junio, lo importante no es solo que los estudiantes mantengan la confianza para entrar en la sala de examen, sino que los adultos también necesitan aprender a salir de su propia carrera. Porque a veces, el mayor regalo que los padres dan a sus hijos no es la presión de tener éxito, sino un punto de apoyo sólido para que sus hijos sigan con confianza su propio camino.