Durante mucho tiempo, la historia del agua en el Delta del Mekong se ha abordado principalmente en una dirección de respuesta. Cuando falta agua, buscan formas de almacenarla, cuando la salinidad invade, cierran alcantarillas para prevenir la salinidad.
Sin embargo, la realidad plantea un problema mayor cuando los recursos hídricos ya no son tan estables como antes. El caudal desde la cabecera del río Mekong disminuye, la temporada de inundaciones ya no es regular, mientras que las mareas altas y la intrusión salina aumentan tanto en intensidad como en frecuencia. Esto hace que lo que antes se consideraba anormal ahora se convierta en una "nueva norma".
En lugar de intentar mantener un modelo de producción fijo a pesar de las condiciones del agua, la gente ha tomado la iniciativa de ajustarse a la realidad. Cuando el agua dulce es escasa, reducen la dependencia de los cultivos que consumen mucha agua. Cuando aumenta el agua salada y salobre, cambian a cultivar objetos más adecuados. Esta no es solo una adaptación situacional, sino también un cambio de mentalidad, de resistirse a "vivir con" las condiciones naturales.
Desde una perspectiva de gestión, debido a que el agua no fluye de acuerdo con los límites administrativos, es difícil para cada localidad manejarse a su manera a largo plazo. Incluso, en algunos casos, las soluciones individuales pueden afectarse mutuamente, por lo que el problema de la gobernanza del agua necesita un enfoque más integral, interprovincial e interregional.
Esto incluye la conexión del sistema de almacenamiento de agua, el intercambio de datos sobre el flujo y la salinidad, así como la coordinación de la operación de las obras según un escenario común. En ese caso, el agua ya no es una historia de cada provincia y ciudad, sino un problema común para toda la región.
Otro cambio importante es la percepción del agua salada y salobre. Durante muchos años, esto se ha considerado a menudo un factor negativo que debe prevenirse. Pero en el contexto actual, esta visión está cambiando gradualmente de prevenir a gestionar y aprovechar, utilizar eficazmente.
Si se gestionan adecuadamente, el agua salada y el agua salobre pueden convertirse completamente en un recurso para el desarrollo, especialmente en la acuicultura.
El delta del Mekong se enfrenta a un importante punto de inflexión. Cuando el agua ya no regresa como antes, todos los planes de desarrollo, desde la producción hasta los medios de vida, también deben rediseñarse.
Adaptarse proactivamente o seguir respondiendo pasivamente, esa es la elección del presente. Y esta elección determinará la capacidad de desarrollo sostenible de toda la región del Delta del Mekong en los próximos años.