Lo que temen no es la ociosidad. Lo que les inquieta son los momentos en los que ya no tienen nada de qué aferrarse. Es cuando cae la noche, el teléfono se cierra, la diversión ha terminado, el trabajo se cierra temporalmente y tienen que sentarse con ellos mismos. La gente puede soportar la dificultad durante mucho tiempo. Pero no todos tienen suficiente coraje para afrontar las preguntas silenciosas en sus corazones.
Por lo tanto, cuando estamos solos, nos apresuramos a encontrar a alguien con quien hablar. Cuando estamos inseguros, nos lanzamos a ganar dinero. Cuando nos sentimos pequeños, intentamos poseer otro título, un artículo caro o unos pocos miles de "me gusta" en las redes sociales. No dejamos de llenar nuestras vidas con cosas contables, con la esperanza de que rellenen algo que no se puede nombrar. Pero el vacío en el alma no se crea por la falta de cosas materiales o logros. Aparece cuando perdemos la conexión con nosotros mismos.
El psicólogo Carl Jung dijo una vez que el viaje más importante de una vida humana es el proceso de convertirse en uno mismo. Ese viaje no mira hacia el exterior sino hacia el interior. No es una expedición para conquistar el mundo, sino el coraje de entrar en los rincones oscuros del alma, donde las heridas, los miedos y la fragilidad todavía residen silenciosamente.
La paradoja es que cuanto más intentas llenarlo, más vacío te sientes a veces. Porque las ausencias más profundas no necesitan ser cubiertas. Necesitan ser escuchadas. La gente viene y se va. Las nuevas tierras finalmente se vuelven familiares. Incluso los objetivos que antes nos anhelaban más, después de alcanzarlos, también pierden gradualmente su brillo inicial. Si nuestro propio valor solo se construye sobre esas cosas, siempre viviremos en un estado de espera de la confirmación del exterior. Un cumplido nos hace felices. Una crítica nos hace tambalear. Y un pequeño silencio también es suficiente para inquietarnos.
Crecer probablemente no sea encontrar una nueva cima para conquistar, ni encontrar un puerto seguro perfecto en el que apoyarse. Crecer es cuando dejamos de exigir al mundo que cure las heridas que nosotros mismos nunca nos hemos atrevido a mirar directamente. Es cuando podemos sentarnos solos en una tarde lluviosa, escuchar el sonido del tiempo pasar sin sentir la necesidad de huir a ninguna parte.
Hay cosas en la vida que no necesitan ser llenas. Como el silencio entre dos notas musicales, es esa vacíez la que compone la melodía.