El mismo día, Thai Nguyen también organizó elogios para estudiantes y profesores con excelentes logros en los exámenes nacionales.
Esas ceremonias no son solo para unas pocas docenas de estudiantes, sino que envían un mensaje a toda la sociedad, el estudio sigue siendo el camino más prestigioso para establecerse y construir una carrera.
En la ceremonia de elogio en Ca Mau, además de la impresionante cifra de 37,25 puntos del mejor estudiante Bui Le Ha Nhan, lo memorable es que eligió la profesión docente, un sueño aparentemente simple pero que hace pensar a muchas personas.
Un buen maestro puede cambiar la vida de cientos de estudiantes, ese es un valor que ninguna medida material puede medir.
Hà Nhân habla del espíritu de autoaprendizaje, la investigación proactiva de materiales, la aplicación de tecnología para acceder al conocimiento, esa es precisamente la capacidad a la que apunta la educación moderna.
La escuela puede dar una base, pero es el autoaprendizaje lo que determina hasta dónde llegará una persona.
Otros jóvenes sueñan con convertirse en médicos, ingenieros, científicos, algunos se convierten en empresarios o profesores. Las profesiones son diferentes, pero todas tienen un punto en común, si quieren contribuir a la sociedad, primero deben tener conocimiento.
Esa es también la razón por la que la elogiación de los estudiantes excelentes nunca es una formalidad.
Un certificado de mérito no hace que nadie se convierta en talentoso. Pero el reconocimiento oportuno puede alimentar un sueño.
Una palabra de aliento de los líderes locales puede convertirse en un recuerdo para los niños durante toda su vida.
Y, una ceremonia solemne puede hacer que miles de otros estudiantes se digan a sí mismos que, si se esfuerzan, algún día también podrán estar en ese escenario.
El valor de la elogiación también radica en que la sociedad establece una medida correcta.
Los buenos estudiantes son elogiados, los dedicados son reconocidos, los jóvenes entenderán que el éxito no proviene de la suerte o el brillo en las redes sociales, sino del trabajo, la voluntad y el conocimiento.
Las localidades de hoy compiten por la calidad de los recursos humanos. Las carreteras se pueden invertir en unos años, un parque industrial se puede construir en unas pocas décadas, pero formar a una persona útil para la sociedad lleva decenas de años.
Por lo tanto, invertir en educación siempre es la inversión a largo plazo pero más rentable y sostenible.
Honrar a los estudiantes sobresalientes no es para elogiar los logros, sino para afirmar aún más que la educación es una política nacional.
Al mismo tiempo, hay que saber cultivar talento.
Nuestros antepasados concluyeron: "El talento es la vitalidad de la nación". Pero el "talento" debe ser descubierto, nutrido y alentado desde que todavía está en la escuela.