Se debe cenar al menos 3 horas antes de acostarse, idealmente alrededor de las 18-19 horas. Este hábito ayuda al cuerpo a digerir los alimentos cuando el metabolismo y la sensibilidad a la insulina aún están en un nivel alto, y al mismo tiempo, crea condiciones para que el corazón y los vasos sanguíneos descansen durante la noche, apoyando así el mantenimiento de una presión arterial estable.
Apoya el ritmo circadiano del cuerpo
El sistema cardiovascular funciona según el ritmo circadiano natural. Comer demasiado cerca de la hora de acostarse puede hacer que el cuerpo todavía tenga que digerir y metabolizar los alimentos, lo que dificulta que el corazón y los vasos sanguíneos entren en un estado de descanso, afectando así el proceso de regulación de la presión arterial.
Apoya el control del azúcar en sangre y la función vascular
Complementar la mayor parte de la energía del día durante el día ayuda al cuerpo a controlar el azúcar en sangre de manera más efectiva y a mantener una función vascular saludable.
Por el contrario, comer demasiado por la noche puede provocar que el azúcar en sangre y la insulina aumenten durante la noche. Esto reduce la producción de óxido nítrico, una sustancia que ayuda a que los vasos sanguíneos se dilaten, y al mismo tiempo, hace que los riñones retengan más sodio. Estos son 2 factores que pueden contribuir a aumentar la presión arterial.