Esas cosas, aparentemente triviales, incluso triviales, impactan directamente en la calidad de vida de cada persona.
La salud no es algo que solo se piensa cuando una persona entra en el hospital, sostiene en sus manos los resultados de las pruebas anormales o se enfrenta a dolores prolongados. La salud comienza mucho antes: desde las comidas diarias, desde el sueño cada noche, desde si nos levantamos para hacer ejercicio después de muchas horas de estar sentados durante mucho tiempo o no, desde elegir beber un vaso de agua filtrada en lugar de refrescos, desde saber cuándo parar ante el estrés y escuchar a su cuerpo.
En la vida moderna, las personas tienen muchas condiciones de vida más cómodas, pero la paradoja es que también es más fácil vivir de forma poco saludable. El trabajo ocupado hace que muchas personas coman rápido, coman tarde, coman según la conveniencia y no según las necesidades del cuerpo. Los teléfonos inteligentes ayudan a conectarse más rápido, pero también prolongan el tiempo de trasnochar, perturbando el sueño. Los medios personales, los ascensores, el trabajo de oficina hacen que las personas se muevan menos.
Lo preocupante es que muchas personas todavía piensan que la enfermedad llega repentinamente. De hecho, no pocas enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares o algunos tipos de cáncer a menudo se originan en pequeños hábitos que duran muchos años. Una comida demasiado salada puede no causar consecuencias inmediatas. Una noche de sueño tardío puede no agotar el cuerpo. Un día sin movimiento puede no crear un cambio claro. Pero cuando esas cosas se repiten durante muchos meses, muchos años, el cuerpo tendrá que pagar el precio.
Cambiar los hábitos diarios no necesariamente comienza con planes demasiado grandes. No todo el mundo tiene las condiciones para ir al gimnasio, usar alimentos caros o seguir estilos de vida elaborados. Vivir sano es ante todo comer con conocimiento, comer con moderación, comer limpio, comer lo suficiente. Una familia puede comenzar reduciendo la sal en las comidas, reduciendo los alimentos fritos, aumentando las verduras, limitando los refrescos, no abusando del alcohol.
Para los niños y adolescentes, la actividad física es aún más importante. Una generación que se mueve poco se enfrentará al riesgo de sobrepeso, obesidad, pérdida de forma física, pérdida de resistencia y muchas consecuencias para la salud en el futuro. Por lo tanto, las familias, las escuelas y la comunidad deben crear condiciones para que los niños se muevan más, en lugar de solo quedarse con las pantallas de los teléfonos y las computadoras.
El sueño también es una parte importante de la salud, pero a menudo se subestima. Muchas personas están dispuestas a sacrificar el sueño por el trabajo, las redes sociales o los hábitos de entretenimiento nocturno. Mientras tanto, dormir lo suficiente ayuda al cuerpo a recuperarse, ayuda al cerebro a trabajar de manera más eficiente y ayuda a que el espíritu sea más estable.
Sin embargo, cambiar el estilo de vida no puede depender solo de los consejos de los médicos o las recomendaciones del sector de la salud. La decisión final todavía reside en cada individuo. Nadie puede comer con moderación en lugar de nosotros, hacer ejercicio en lugar de nosotros, dormir a tiempo en lugar de nosotros o dejar de fumar en lugar de nosotros. La salud es propiedad privada de cada persona, pero también la base de la felicidad de la familia y la calidad de los recursos humanos de la sociedad.