Jugando en el Indonesia Arena la noche del 7 de febrero, los dos equipos ofrecieron una final entre las más dramáticas de la historia del torneo.
En 40 minutos de juego oficial, Indonesia e Irán empataron 4-4 tras una emotiva persecución del marcador.
El anfitrión Indonesia se adelantó muchas veces gracias al brillo de Israr Megantara y Samuel Eko, pero Irán siempre mostró la valentía del actual campeón al perseguir persistentemente y empatar.
Al entrar en la prórroga, el drama continuó aumentando. Indonesia volvió a adelantarse 5-4 en el minuto 48, pero solo unos segundos después, Irán logró empatar 5-5 al aplicar la táctica de power-play.
Este marcador se mantuvo sin cambios hasta el final de la segunda parte de la prórroga, lo que obligó a ambos equipos a decidir el ganador en la tanda de penaltis.
Desde el punto de 6 metros, la valentía y la experiencia ayudaron a Irán a ganar 5-4 después de 6 tiros. El tiro fallado en el tiro decisivo de Indonesia hizo que el equipo local viera con tristeza cómo el oponente ganaba el campeonato en casa.
Con esta victoria, Irán ganó el campeonato de fútbol sala asiático por decimocuarta vez, continuando consolidando su posición como el equipo con más logros en la historia del torneo.
Mientras tanto, a pesar de la derrota, Indonesia todavía puede estar orgullosa de participar por primera vez en una final continental, marcando un gran paso adelante para el fútbol sala del archipiélago en el mapa asiático.