Primero, la cocina no debe estar completamente cerrada en el medio de la casa. El espacio de la cocina debe tener al menos un lado ventilado hacia el exterior, como un balcón, un patio trasero o un pozo de luz para garantizar la circulación del aire.
Si la cocina está sellada, el humo, el olor y el calor se acumularán, afectando la calidad del aire y el saneamiento en la casa. Esta situación suele ocurrir cuando la casa está ampliada, lo que hace que la cocina original en la parte trasera se "filtre" en el centro de la casa.
En segundo lugar, la cocina debe colocarse lejos del dormitorio. La cocina es un lugar para cocinar, genera mucho calor y genera humo y olor a grasa. Si se coloca demasiado cerca del dormitorio, estos factores pueden afectar el sueño y la salud, causando molestias, asfixia o irritación respiratoria.
En tercer lugar, no coloque la cocina adyacente al baño. Estas son dos áreas con características de uso completamente diferentes: la cocina debe estar seca y limpia, mientras que el baño está húmedo y propenso a las bacterias.
Si se coloca demasiado cerca, la humedad y el olor del baño pueden afectar al área de cocina. En caso de que no sea posible cambiar el diseño, es necesario aumentar la ventilación, mantener ambas áreas siempre secas y ventiladas y cerrar las puertas cuando no estén en uso.
Finalmente, no coloque la cocina justo en frente de la casa o directamente hacia la puerta principal. Esto puede hacer que los olores de comida, el humo y el calor se propaguen fácilmente al área de vida común o al exterior, afectando la experiencia de vida y la estética del espacio vital.