Según la experta en seguridad alimentaria estadounidense, Lisa Yakas (de la organización NSF International), las verduras siguen frescas después de la cosecha, por lo que deben mantenerse en un lugar fresco, lejos de la luz solar directa. "Las altas temperaturas y la excesiva humedad acelerarán el proceso de marchitamiento y deterioro", dijo.
Una de las formas más comunes es colocar las raíces de las verduras de hoja verde (como la espinaca de agua, el repollo verde, la lechuga) en un vaso de agua limpia, similar a la colocación de flores. Esta forma ayuda a que las verduras mantengan su humedad natural durante 1-2 días más. Para los tubérculos como las zanahorias y las rábanas, deben envolverse en toallas de papel secas y colocarse en un lugar ventilado, evitando compartirlos con frutas maduras porque el gas etileno puede hacer que las verduras se echen a perder rápidamente.
Sally Davies, experta en microbiología alimentaria en el Reino Unido, también recomienda eliminar las hojas magulladas antes de conservarlas para evitar la propagación de bacterias al resto.
Aunque no reemplazan completamente el refrigerador, los consejos anteriores aún ayudan a prolongar la frescura de las verduras en condiciones de vida sencillas, especialmente útiles para picnics o cortes de energía.