En promedio, 100 g de jícama solo contienen alrededor de 35-40 calorías, pero son ricas en fibra y vitamina C, lo que ayuda a crear una sensación de saciedad duradera sin hacer que el cuerpo consuma demasiada energía. Esta es la razón por la que la jícama suele aparecer en el menú de comer limpio (comer alimentos frescos como prioridad) o la dieta científica.
Para perder peso eficazmente con jícama, la mejor manera es comerla fresca en lugar de prepararla con mucho azúcar o grasa. La jícama, después de pelarla, se puede usar como un refrigerio a media mañana o por la tarde para limitar los antojos de dulces. Gracias a su alta cantidad de agua, este tubérculo también ayuda a hidratar el cuerpo y ayuda a que el sistema digestivo funcione mejor. Al comerla unos 20-30 minutos antes de las comidas principales, la jícama puede reducir la ingesta de alimentos, lo que ayuda a controlar el peso de manera efectiva.
Además de comer cruda, la jícama también se puede combinar en ensaladas con verduras, pechuga de pollo o huevos cocidos para crear una comida baja en calorías pero nutritiva.
Algunas personas incluso extraen jugo de jícama para beber, sin embargo, se debe limitar la adición de azúcar para evitar aumentar las calorías innecesarias. Además, combinar jícama con un régimen de ejercicio regular y dormir lo suficiente ayudará a que el proceso de reducción de grasa se produzca de forma más rápida y sostenible.
Aunque tiene muchos beneficios, las personas que quieren perder peso tampoco deben comer jícama en lugar de otros grupos de alimentos por completo. El cuerpo todavía necesita proteínas, grasas buenas y carbohidratos saludables para mantener la energía y la masa muscular.
Comer demasiada jícama durante un largo período de tiempo puede causar frío en el estómago o indigestión en algunas personas con sistemas digestivos sensibles. Por lo tanto, usar jícama en una cantidad razonable, alrededor de 200-300 g al día, combinado con una dieta equilibrada, traerá un efecto de pérdida de peso seguro y duradero.