Muchos estudios demuestran que el uso racional del ajo puede contribuir a reducir el colesterol en sangre, apoyar el control de la presión arterial y aumentar la resistencia.
Sin embargo, aunque aporta muchos beneficios, el ajo no es adecuado para todos. Algunos grupos de personas deben limitar o ser cautelosos al usarlo.
En primer lugar, las personas con enfermedades estomacales deben considerar la cantidad de ajo consumido. Los compuestos de azufre en el ajo pueden irritar la mucosa gástrica, aumentando la sensación de ardor o molestias en personas con úlceras de estómago, esófago o reflujo gastroesofágico. En particular, comer ajo crudo en grandes cantidades puede hacer que los síntomas sean más evidentes.
A las personas que se preparan para la cirugía generalmente se les recomienda limitar el uso de dietas altas de ajo durante el tiempo previo a la cirugía. La causa también está relacionada con el impacto del ajo en el proceso de coagulación sanguínea, lo que puede aumentar el riesgo de sangrado durante y después de la cirugía.
Otro grupo a tener en cuenta son las personas con presión arterial baja. El ajo puede ayudar a bajar la presión arterial en algunos casos. Pero si la presión arterial ya es baja o está tomando medicamentos para la hipertensión, consumir demasiado ajo puede hacer que la presión arterial baje demasiado, causando mareos o fatiga.
Las personas con una constitución alérgica al ajo o a los alimentos de la familia de los cebollitos deben evitar usarlo. Los síntomas de alergia pueden incluir picazón, urticaria, labios hinchados o dificultad para respirar en casos graves.
El ajo es una especia rica en valor nutricional y tiene muchos beneficios para la salud cuando se usa correctamente. Pero para los grupos objetivo mencionados anteriormente, el uso debe ajustarse adecuadamente para evitar efectos no deseados.