Criar hijos no es un viaje impositivo, sino un proceso de acompañamiento diario con coherencia y comprensión. Muchos estudios internacionales demuestran que los niños que crecen en entornos familiares con principios claros suelen ser más seguros de sí mismos, emocionalmente estables y tienen una mejor capacidad de adaptación a medida que crecen.
Según la Academia Americana de Pediatría (AAP), el primer principio que los padres deben mantener es la coherencia en la forma de educar a sus hijos. Cuando las reglas cambian erráticamente según las emociones de los adultos, los niños son propensos a caer en un estado de confusión y pérdida de orientación conductual. Por el contrario, los principios claros y aplicados regularmente ayudan a los niños a comprender sus límites y responsabilidades.
El segundo principio es escuchar las emociones de los niños antes de corregir su comportamiento. Psychology Today enfatiza que cuando se reconocen las emociones de los niños, es más fácil para ellos cooperar en lugar de resistirse. Hablar, explicar y buscar formas de corregir errores con los niños es mucho más efectivo que regañar o castigar.
Además, los padres deben dar ejemplo en su propio comportamiento diario. Los niños aprenden muy rápido a través de la observación. Según la Universidad de Harvard - Centro on the Developing Child, un entorno familiar positivo, donde los padres se comportan con respeto y calma, tiene un impacto directo en el desarrollo del cerebro y las habilidades sociales de los niños. Las palabras suaves y la forma civilizada de resolver conflictos son las lecciones más vívidas.
Otro principio importante es el fomento en lugar del control. Los niños necesitan que se les dé la oportunidad de probarse y errorizar dentro de los límites seguros. Cuando se confía en ellos, los niños desarrollan la independencia y la capacidad de asumir la responsabilidad, en lugar de depender o tener miedo.
Enseñar a los niños no requiere métodos complejos o teorías avanzadas. Lo importante radica en que los padres apliquen persistentemente principios positivos todos los días. Cuando la familia se convierte en un lugar seguro emocionalmente, los niños tendrán una base sólida para desarrollarse integralmente tanto en intelecto como en personalidad.