Todas las noches, la Sra. Trinh Thi My (32 años, Hanoi) tiene que "luchar mentalmente" con su hijo de 9 años para recuperar su teléfono.
Inicialmente, solo le prestó la máquina a su hijo durante 15-20 minutos para ver dibujos animados mientras cocinaba. Sin embargo, ese tiempo aumentó gradualmente a varias horas al día.
Cuando le confiscaron el teléfono, el niño lloró, se enfadó e incluso destrozó cosas.
Después de llevar al niño al médico, el médico determinó que el niño tenía signos de dependencia de los dispositivos electrónicos, trastornos del sueño y disminución de la capacidad de concentración, e incluso aparecieron convulsiones incontrolables.
Esa ya no es una historia rara. Los teléfonos inteligentes se están convirtiendo en un "amigo" familiar para muchos niños.
Desde aprender en línea, ver videos, jugar juegos hasta navegar por las redes sociales, aprender inglés a través de aplicaciones, no pocos niños pasan la mayor parte de su tiempo libre frente a la pantalla.
Las consecuencias no son solo la miopía o la obesidad, sino que también afectan directamente el desarrollo del cerebro y la salud mental.
Los expertos advierten que el contacto prolongado con las pantallas puede hacer que los niños pierdan la capacidad de concentración, tengan trastornos del sueño, disminución de la memoria, se enojen fácilmente y aumenten el riesgo de ansiedad y depresión.
El cerebro recibe continuamente contenido corto y estimulante, lo que dificulta que los niños tengan paciencia con el aprendizaje, duden en leer libros y reducen la capacidad de pensamiento profundo.
La razón proviene de muchas partes. En primer lugar, la familia. No pocos padres, debido a que están ocupados, le dan sus teléfonos a sus hijos como una forma rápida de "cuidar a los niños".
Mientras tanto, los propios adultos también dedican mucho tiempo a la pantalla, creando involuntariamente el hábito de imitar en los niños. Aunque las escuelas fortalecen la educación en habilidades digitales, sigue siendo difícil controlar el tiempo de uso de los dispositivos por parte de los estudiantes en casa.
Además, las plataformas de redes sociales, los vídeos cortos y los juegos en línea están diseñados para retener a los usuarios el mayor tiempo posible. Los niños, con una capacidad de autocontrol limitada, son muy propensos a caer en un estado de dependencia. Mientras tanto, muchas zonas residenciales todavía carecen de parques infantiles, actividades extracurriculares y espacio para que los niños se muevan y se comuniquen directamente.
La solución no es prohibir completamente los teléfonos, sino usarlos correctamente. Los padres deben regular el tiempo de uso del dispositivo y dedicar más tiempo a acompañar a sus hijos en actividades como leer libros, practicar deportes o picnics.
Las escuelas necesitan fortalecer la educación en habilidades para usar Internet de forma segura, y las agencias de gestión deben controlar más estrictamente el contenido para niños en el entorno en línea.
Los teléfonos inteligentes son una herramienta útil si se utilizan adecuadamente. Pero cuando las pantallas reemplazan la atención de los padres y las experiencias en la vida real, el precio a pagar será la salud, la psicología y el futuro de los propios niños.
Esta es una llamada de atención que cada familia y toda la sociedad deben tomar en serio.