Aún más aterrador, los casos de estudiantes que golpean a sus compañeros de clase en grupo son grabados en vídeo y subidos a las redes sociales como una especie de "logro" enfermizo.
Los dos nuevos incidentes ocurridos en Lâm Đồng y Đắk Lắk ya no son un caso aislado, lo que muestra una realidad más alarmante sobre la violencia escolar.
Un estudiante de octavo grado fue golpeado por un grupo de compañeros de clase hasta ser hospitalizado, una estudiante de séptimo grado fue agredida por su superiora, con costillas rotas y múltiples lesiones.
Lo que preocupa e inquieta a la comunidad es que la violencia entre los jóvenes y los estudiantes tiende a aumentar.
Sin mencionar que los compañeros de clase son golpeados, pero los otros estudiantes no intervienen. El miedo, la indiferencia o la complicidad son actitudes negativas.
Lo notable es que los casos de violencia ya no se detienen en enfrentamientos espontáneos, sino que están organizados, grabados en vídeo y luego difundidos.
La indiferencia se propaga tan rápido como la velocidad de compartir en línea.
Un niño actúa, otros niños se quedan mirando, animando, incluso grabando, eso ya no es un comportamiento desviado de los estándares personales, sino un signo de un entorno educativo problemático.
A principios de 2026, se promulgó la Directiva No. 03/CT-TTg sobre la prevención y el control de la violencia escolar del Primer Ministro, con un mensaje decisivo: no se puede demorar más.
La directiva establece el punto de vista de "6 claros" que incluye personas claras, trabajo claro, autoridad clara, responsabilidad clara, tiempo claro, resultados claros. Este no es solo un lema administrativo, sino que debe ser un principio de acción.
Pero la realidad plantea una pregunta directa, ¿se ha aclarado la responsabilidad?
No se puede continuar con la forma familiar de manejarlo, reunirse para revisar, aprender de la experiencia y luego... guardar silencio.
Cada caso de violencia debe ser manejado a fondo, quién relaja la gestión, quién detecta tarde, quién evade la responsabilidad. Si no se responden estas preguntas, todas las directivas permanecerán solo en el papel.
La escuela no puede solo enseñar letras sino descuidar la enseñanza de las personas. Las organizaciones no pueden quedarse al margen.
Pero sobre todo, las familias no pueden dejar a sus hijos a la escuela y luego sorprenderse cuando sus hijos se convierten en víctimas, o peor aún, en perpetradores.
Un niño agresivo que golpea a alguien es el resultado de una falta de atención, falta de orientación, e incluso puede ser una inyección de violencia del propio entorno de vida de los niños.
La violencia escolar no es un asunto de "peleas infantiles", es la semilla del crimen, es una grieta en la moral social.
Si no se detienen desde la raíz, los golpes de hoy podrían convertirse en comportamientos más peligrosos que mañana.
Ha llegado el momento de no preguntar por qué ocurre la violencia escolar, sino de preguntar quién es responsable cuando continúa.