El incidente ocurrió en la Escuela Primaria Lương Thế Vinh, otra advertencia sobre las desviaciones en el entorno pedagógico.
Esto ya no es una medida disciplinaria incorrecta, sino un acto de abuso tanto físico como mental de los niños.
Es necesario llamar a la naturaleza correcta, obligar a los estudiantes a causarse dolor a sí mismos, una forma de violencia.
Aunque los maestros no toman las agujas directamente, establecer tal "pena" ha creado presión psicológica que obliga a los niños a cumplirla.
En un entorno educativo, donde debería haber sido absolutamente seguro, este comportamiento es inaceptable.
Sin mencionar que las agujas, si no se garantiza la esterilidad absoluta, pueden convertirse en una fuente de infección para enfermedades peligrosas.
Dejar que los estudiantes de primaria entren en contacto y usen objetos afilados ya es un riesgo, convertirlo en una herramienta de castigo es aún más un grave error.
Este es un acto que viola el principio de protección de la salud de los estudiantes, uno de los estándares mínimos del sector educativo.
Pero lo más preocupante es el trauma psicológico.
Para los niños pequeños, la imagen de las agujas ya está asociada con el miedo. Cuando se ven obligados a pincharse las manos por pequeños errores como no usar bufandas o hablar en clase, ese miedo se convierte en una obsesión.
Los niños pueden volverse ansiosos, perder la fe en los maestros e incluso tener miedo de ir a la escuela. Una vez que la escuela ya no es un lugar para amar, todos los objetivos educativos se vuelven sin sentido.
La educación no es sembrar el miedo, la disciplina no significa castigo.
A largo plazo, la forma de "enseñar" con presión y dolor solo crea individuos que se retraen o se resisten negativamente.
Este incidente también plantea la cuestión de la conciencia profesional. Los profesores no solo transmiten conocimientos, sino que también moldean el carácter.
El maestro elige un método antieducativo como ese, ya no es un error temporal, sino una manifestación de un pensamiento sesgado.
La suspensión de la enseñanza por parte de la escuela es necesaria, pero lo más importante es reconocer que esta es una llamada de atención para todo el sector.
Cada violación relacionada con los niños debe ser considerada seriamente, porque las consecuencias no solo se detienen en el presente, sino que pueden afectar el desarrollo psicológico y la personalidad de los niños.
Los niños tienen derecho a ser protegidos, respetados y educados en un entorno humano. Cualquier acto que infrinja el cuerpo y el espíritu de los niños debe ser condenado y tratado con severidad.
Una aguja pequeña puede causar dolor por un momento, pero una forma errónea de educar puede dejar heridas duraderas.
Si no se rectifica a tiempo, "lecciones" como estas no enseñarán a los niños a ser personas, sino solo les enseñarán a tener miedo.