No tan ruidosos como los primeros días de la primavera, ni tan tranquilos como finales de otoño, junio como una estación de tren a mitad de año, donde la gente de repente quiere levantarse de su asiento familiar, cerrar la puerta trasera y empacar su mochila para ir a una dirección no planificada. Hay viajes que comienzan con un billete. Hay viajes que comienzan con una cita. Pero también hay viajes que solo comienzan con una sensación muy vaga de que necesita salir un poco de este lugar para "refrescarse" a sí mismo.

Y en camino.
Cruzando largas y remotas plataformas de tren bajo luces amarillas tenues. Cruzando escaleras mecánicas lentas que te llevan más profundamente al corazón de la ciudad. Cruzando callejones tan estrechos que solo son suficientes para que pase una persona, donde el sonido de los pasos resuena más claramente que la voz.

Hay lugares donde solo nos quedamos unos minutos. Una estación de tren, un pasillo, una calle pequeña, un camino entre bosques de bambú, un camino rural sinuoso bajo el sol de principios de verano.

Pero extrañamente, a veces los lugares por los que solo pasamos son los que permanecen más tiempo en la memoria.

No todo el mundo recuerda lo que comió en un día de viaje. No todo el mundo recuerda el nombre del hotel o el número de habitación donde se alojaba. Pero muchos años después, todavía se puede recordar la sensación de estar solo en una estación de tren vacía, recordar la luz al final de un pequeño callejón en una ciudad extraña, recordar el sonido del viento que se filtra a través del bosque de bambú o la sombra de la tarde que se extiende por un camino extraño en una montaña remota.

Tal vez los recuerdos no son creados por el destino, sino por los espacios intermedios. Entre el lugar donde se va y el lugar al que va, entre encuentros y despedidas. Entre días familiares y cosas desconocidas.

El turismo, después de todo, no es solo moverse de un lugar a otro. Es también un viaje a través de nuestros propios espacios de transición. Cada camino abre una nueva perspectiva. Cada estación marca un pequeño cambio. Cada paso nos aleja un poco más de nuestra antigua versión.

Junio llega de nuevo.
Las maletas se sacan de la esquina del armario. Los mapas se vuelven a abrir. Los planes inconclusos comienzan a tomar forma.

Y muchos años después, al recordar este verano, no recordaremos hasta dónde hemos llegado. Solo recordaremos que hemos pasado. Y esos espacios, de alguna manera, también han pasado por nuestras vidas.
