A la gente a menudo se le enseña a ser persistente. Eso no está mal. Sin perseverancia, ningún éxito es lo suficientemente fuerte como para mantenerse firme. Pero la vida también tiene momentos en que la obstinación solo nos agota. Seguimos aferrándonos a un trabajo que ya no nos da alegría, una relación que solo tiene rasguños, un sueño que ya no nos pertenece, solo por miedo a la sensación de fracaso.
A menudo confundimos la perseverancia con el aferrarse. Algunas personas pasan muchos años esperando que llegue una disculpa. Algunas personas mantienen un matrimonio para siempre por miedo a perder una familiaridad de muchos años, mientras que el fuego familiar se ha enfriado. Algunas personas abrazan una amistad para siempre y solo ellas mismas toman la iniciativa de enviar mensajes de texto. No se van, no porque todavía estén felices, sino porque lamentan los años que han pasado.
Pero el tiempo que se ha dedicado no es una razón para seguir en un lugar que te está hiriendo. Recuerda a un amigo que trabajó en una gran empresa. Diez años juntos, casi no tienes días libres. A cambio, un salario de ensueño y un título que muchas personas admiran. Sin embargo, lo que más recibes son noches de insomnio, comidas rápidas y un cuerpo cada vez más demacrado. Hasta que el médico te dice que si sigues así, tu corazón no podrá soportarlo más, pides renunciar. Un año después, te reencuentras. El amigo abrió un pequeño taller de madera en las afueras, los ingresos no son tan altos como antes, pero sus ojos se han calmado mucho. Sonríe y dice como un filósofo: "Resulta que no perdí mi trabajo. Solo recuperé mi vida".
A veces, dejar ir no es perder, sino rechazar cosas que ya no valen la pena, quitándonos nuestro tiempo, salud y paz. A menudo abrazamos los recuerdos más que el presente. Guardamos una frase que nos hirió hace muchos años, guardamos un fracaso pasado, guardamos a alguien que nos dio la espalda, guardamos incluso cosas que ellos mismos habían dejado ir hace mucho tiempo. Dejar ir nunca ha sido fácil. Requiere tanto coraje como al principio. Pero hay puertas que se cierran no para terminar un viaje, sino para abrir otro camino más brillante.
La vida es más corta de lo que pensamos. No uses los preciosos años para intentar revivir una maceta muerta, mientras que afuera todavía hay tantas semillas esperando ser sembradas.