Así que, innumerables sueños murieron entre las dos palabras "dejar para después". En realidad, la vida no tiene tantos límites, la mayoría de las barreras son construidas por nosotros mismos en nuestros pensamientos. A los treinta años ya tememos no poder seguir a los amigos, a los cuarenta años tememos haber perdido la oportunidad de hacernos ricos, a los cincuenta años nos damos por sentado que las cosas nuevas ya no son para nosotros.
Lo que hace que la gente envejezca no son las arrugas en las comisuras de los ojos, sino la desaparición del anhelo de vivir y el deseo de esperar algo para mañana. Hay personas que apenas tienen treinta años y ya viven como ancianos.
Por el contrario, hay personas que superan los cincuenta años y entran por primera vez en una clase de baile, aceptando los pasos torpes iniciales y luego encontrando la pasión por el ritmo de su cuerpo. Hay personas que solo cuando sostienen en sus manos la decisión de jubilarse realmente comienzan a tomar la cámara, convirtiendo los viajes no para matar el tiempo, sino para explorar perspectivas sin precedentes, para amar más la vida.
Su valor no radica en crear un gran logro para que el mundo se maraville, sino en que se han negado a dejar que la edad les prive del derecho a la curiosidad por la vida. Una semilla nunca pregunta si la primavera llegará pronto o tarde antes de germinar.
Un río que no deja de fluir solo porque ha pasado por demasiados giros tortuosos. Entonces, ¿por qué los humanos matan sus aspiraciones solo por unos pocos números en el certificado de nacimiento? La juventud nunca ha sido el privilegio de la juventud, es la capacidad de mantener la emoción ante lo que no se conoce.
No esperes un momento perfecto, porque la perfección es una trampa invisible. Puede que comenzar un nuevo idioma, un nuevo instrumento musical o un nuevo estilo de vida en este momento no te traiga éxito o reconocimiento de la mayoría. Pero eso es completamente inútil en comparación con mantener la llama para soñar.
El día en que las personas dejan de soñar con las cosas que están por delante es el día en que realmente envejecen, incluso cuando tienen veinte años. Y cuando tu cabeza todavía alberga un plan, tus pies todavía quieren ponerse en una nueva tierra y tus manos todavía quieren aprender una nueva habilidad, entonces la vida todavía te está enviando una invitación a comprometerte. El mayor privilegio de la vida es que cada mañana al despertar, sin importar tu edad, siempre tienes derecho a negarte a ser una versión antigua de ayer.