Según las estadísticas hasta finales de 2025, Hanoi todavía tiene alrededor de 4.000 apartamentos de reasentamiento pertenecientes a 170 proyectos que no se han utilizado. No pocos proyectos están inconclusos o terminados pero vacíos durante muchos años, deteriorados con el tiempo.
Un ejemplo típico es el proyecto de reasentamiento N01 en Cau Giay. Ubicado en una zona de "terreno dorado", iniciado en 2011, pero aún no se ha podido poner en uso. Han pasado 15 años, en lugar de convertirse en un lugar de residencia para cientos de hogares, este proyecto se ha convertido en una "casa abandonada" en medio de una ciudad moderna.
Parte de la razón radica en el mecanismo legal que no es realmente transparente. Las viviendas de reasentamiento se invierten con fondos presupuestarios, con el objetivo de servir a la reubicación y la limpieza del sitio. Cuando las necesidades cambian, el cambio de propósito de uso se ve obstaculizado por regulaciones, autoridad y procedimientos complejos.
Ese "cuello de botella" se eliminará cuando se apruebe el proyecto de Ley de la Capital (modificada). En el Artículo 12 del proyecto de Ley, el Comité Popular de la Ciudad tiene el poder de "Decidir la organización y conversión entre tipos de vivienda comercial, vivienda social, vivienda para el reasentamiento en la ciudad para un uso flexible, satisfaciendo las necesidades reales de la gente".
Esto se considera un avance institucional. Sin embargo, la conversión no es solo una historia de "renombramiento" de tipos de vivienda. Lo más importante es garantizar la calidad y la idoneidad de los apartamentos. Por ejemplo, el proyecto de reasentamiento N01 en Cau Giay que se convierte en vivienda social o vivienda comercial no es un problema fácil. Si no se calcula cuidadosamente y no se gestiona estrictamente, este podría convertirse en un terreno fértil para obtener beneficios.
La conversión de viviendas de reasentamiento a viviendas sociales o viviendas comerciales no es solo un problema económico, sino también una medida de la capacidad de gestión y la responsabilidad con los recursos públicos. Cada apartamento abandonado es una parte del presupuesto desperdiciada, una oportunidad de asentamiento perdida.
No se puede permitir que los bloques de edificios sigan deteriorándose con el paso de los años, mientras que la necesidad de vivienda de la gente es cada vez más urgente. Es necesario actuar de manera drástica, rápida y sustantiva y la condición que lo acompaña es más transparencia y responsabilidad.