Vivir solo es en realidad como la primera vez que aprendí a andar en bicicleta, tambaleándome, con el volante inclinado, solo esperando caerme. Pero si supero las primeras vueltas, la gente de repente se da cuenta de que, resulta que también puedo mantener el equilibrio.
Usted trabaja en medios de comunicación, una vez vivió en una familia de cuatro generaciones. Siempre hay voces en casa, incluso a veces con solo toser una vez alguien se preocupa y pregunta.
A los treinta y cinco años, te mudas a un pequeño apartamento para vivir sola.
Vivir solo obliga a la gente a volver a aprender cosas muy básicas. Desde cambiar las bombillas, pagar la electricidad hasta cocinar una comida decente en lugar de comer pan o fideos, pho. Pero lo más difícil de vivir solo no es cocinar o lavar la ropa, sino enfrentarse al silencio.
En ese momento, muchas personas descubren que en sus mentes hay muchas voces diferentes, desde la preocupación, la sospecha, la autocrítica hasta el análisis, el escrutinio, como un grupo de comentaristas siempre dispuestos a analizar todos tus errores.
Una contable dijo una vez que en su primera semana de vida sola, encendía el televisor todo el día solo para que sucediera menos ruido. No para ver, solo para escuchar a alguien hablar. Pero luego la gente se acostumbró gradualmente.
Después de unos meses, comenzó a gustarle las mañanas tranquilas, tomando café sola. Nadie se disputaba el baño. Nadie hacía preguntas sin sentido como: "¿Qué vas a comer hoy?".
Ella dijo que la sensación era como la primera vez que tenía una mesa de trabajo muy grande. La mesa podía estar desordenada, pero era mi libertad.
En realidad, mantenerse firme es simplemente aprender a cuidarse a sí mismo. Comer a tiempo. Dormir lo suficiente. Trabajar con moderación. Saber cuándo salir a ver a los amigos.
Muchos de nosotros estamos acostumbrados a vivir según los horarios de los demás. Cuando esos horarios desaparecen, nos sentimos como un barco sin amarre.
Pero en realidad ese barco todavía tiene motor. Es solo que antes rara vez conducíamos nosotros mismos.
La vida solitaria, si se mira desde una perspectiva positiva, es como un curso obligatorio sobre la madurez. Enseña a las personas dos cosas: primero, ser capaces de valerse por sí mismas, y segundo, comprender que la presencia de otros en su vida es un regalo, no algo obvio.
Un día, cuando amigos visitan, cuando familiares vienen a cenar, la pequeña casa de repente se vuelve más cálida de lo normal. No porque la casa cambie. Sino porque la persona que vive en ella ha aprendido a mantenerse sola. Entonces, la presencia de otros en la vida ya no será una muletas para apoyarse, sino que se convertirá en algo mucho más hermoso. Es el acompañamiento.