Pero solo después de unos meses, cuando esa gentileza se convirtió en control, se sintió sofocado y quiso huir. Volvió a sentarse en su tienda habitual, encendió un cigarrillo y se preguntó: ¿Por qué las mujeres al principio tenían razón con él, pero cuanto más tarde, más equivocadas se volvían?
En realidad, muchos hombres no aman a una mujer específica, sino que aman el sentimiento que esa persona despierta en ellos. Está en una sombra interior que ha moldeado cómo aman desde muy temprano. Podría ser la voz de la madre, la gentileza de la maestra de primer año, o la independencia, la valentía de una ex que dejó huellas.
Y cuando no son conscientes de esta imagen interior, los hombres creen aún más que simplemente no han encontrado a la persona adecuada. Cambian constantemente de criterios, de gentiles a personales, y luego necesitan a alguien que entienda. Pero todas las relaciones terminan en el mismo punto: Cansados de no ser entendidos. En realidad, la persona más difícil de entender es ellos mismos.
Al mirar hacia adentro, el hombre se da cuenta de que tiene una "parte femenina" que ha sido olvidada debido a los prejuicios de que siempre debe ser fuerte. Antes, le daban toda la responsabilidad emocional a la mujer, esperando que la calmara, la calentara y la hiciera sentir como ella misma. Esa carga tarde o temprano los agotaría a ambos.
Entendiendo la sombra interior, los hombres comienzan a preguntarse: ¿Estoy buscando a mi madre, buscando el reconocimiento o buscando un momento de silencio para escapar de la presión? Cuando la pregunta cambia, la elección también cambia. Están menos idealizados y menos aterrorizados cuando la realidad no se parece al guion.
Los hombres felices no suelen ser porque hayan encontrado a la "mujer perfecta", sino porque se han familiarizado con la sombra interior lo suficiente como para no confundirse. Aman a la persona que tienen enfrente como a una persona real, no como un papel. Ese viaje es un diálogo prolongado donde cada relación es un espejo que refleja claramente no solo a la persona que está frente a ellos, sino también a la persona que está dentro.
Como la historia de Leonard Cohen, un legendario músico y novelista canadiense con baladas melancólicas. Casi toda su vida persiguió musas, desde Marianne hasta Suzanne, pero en realidad persiguió a una "musa" intrínseca para llenar el vacío espiritual. No fue hasta que envejeció, después de muchos años de convertirse en monje en un monasterio monástico aislado en el monte Baldy, que exclamó que había dejado de buscar la liberación de las mujeres. Se dio cuenta de que cuando su corazón no está en paz, ninguna "musa" puede ser un puerto suficientemente fuerte para contener su vasta soledad.