Según el sector de la salud, la temporada alta de turismo de verano es el momento en que la demanda de viajes, intercambios y concentración de personas aumenta considerablemente. Millones de personas se mueven juntas a través de aeropuertos, estaciones de tren, estaciones de autobuses, centros comerciales, parques de atracciones, hoteles... Los espacios cerrados que utilizan aire acondicionado y circulación de aire restringida se convierten en un entorno favorable para la propagación del virus.
Esa es la regla que se ha advertido durante muchos años. El virus no "se va de vacaciones de verano", pero los humanos llevan involuntariamente el virus a todas partes.
Después de muchos años de vivir con COVID-19, no pocas personas han considerado esta enfermedad solo como una gripe común. Cuando aparecen síntomas de tos, fiebre, dolor de garganta, muchas personas todavía suben a aviones, trenes, todavía participan en tours turísticos o reuniones multitudinarias con la idea de "solo tengo un ligero resfriado".
Esa subjetividad puede no tener mucho impacto en los jóvenes y sanos. Pero es un peligro para los ancianos, los niños pequeños, las mujeres embarazadas o los pacientes con enfermedades crónicas. Una persona que lleva involuntariamente gérmenes a lugares públicos puede hacer que toda una familia cancele las vacaciones, incluso hacer que las personas con baja resistencia se enfrenten a complicaciones graves.
El COVID-19 nos recordó una vez la responsabilidad de proteger nuestra propia salud y la de quienes nos rodean. Pero cuando la vida vuelve a la normalidad, muchos hábitos de prevención de enfermedades también se olvidan gradualmente.
Las mascarillas casi desaparecen en lugares concurridos. No pocas personas todavía mantienen la costumbre de ir a trabajar, a la escuela, a viajar a pesar de tener síntomas respiratorios. Lavarse las manos, cubrirse la boca al toser o limitar activamente el contacto cuando se está enfermo, acciones que antes se consideraban cultura de comportamiento en la pandemia, ahora se toman a la ligera.
Los expertos coinciden en que el SARS-CoV-2 se ha convertido en un virus circulante, similar a la gripe estacional. Eso significa que siempre habrá aumentos estacionales, especialmente cuando las condiciones climáticas y la actividad social crean oportunidades para que el virus se propague. Ya no hay bloqueos o distanciamientos como antes, pero tampoco significa que la epidemia esté completamente atrás.
El mensaje del Ministerio de Salud esta vez también es muy claro: No entrar en pánico, pero absolutamente no ser subjetivo.
La comunidad no debe entrar en pánico cuando aumenta el número de casos, sino que debe mantener medidas preventivas efectivas como usar máscaras, lavarse las manos, mantener el espacio despejado, descansar cuando se enferma y proteger a las personas de alto riesgo.
Unas vacaciones memorables no son solo fotos hermosas o nuevos destinos. Más importante aún, todos regresan sanos, no llevan el virus a casa, no convierten accidentalmente su viaje en un eslabón en la cadena de transmisión de enfermedades.