Sal
Según la Organización Mundial de la Salud, muchas personas están comiendo cantidades de sal que superan las recomendaciones diarias. Cuando se absorbe demasiado sodio, el cuerpo puede retener agua, aumentar la presión arterial y aumentar la carga metabólica del hígado.
Según la Dra. Kristin Kirkpatrick, nutricionista de la Cleveland Clinic (EE. UU.), una dieta demasiado salada durante un largo período de tiempo puede contribuir a aumentar el riesgo de trastornos metabólicos. La alta cantidad de sal no solo afecta al sistema cardiovascular, sino que también ejerce presión sobre el hígado, especialmente en personas con enfermedades subyacentes o dietas desequilibradas.
Camino
El azúcar añadido a muchos platos, salsas para mojar o bebidas puede hacer que las calorías aumenten rápidamente. Cuando se consume demasiado azúcar, el cuerpo convertirá el exceso en grasa, una parte de la cual se acumula en el hígado.
Según el Dr. Frank Hu, profesor de nutrición y epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Harvard (EE. UU.), el consumo excesivo de azúcar adicional está relacionado con el riesgo de hígado graso no alcohólico. Los niveles altos de azúcar, especialmente de los alimentos procesados, pueden promover la acumulación de grasa en el hígado con el tiempo.
Los expertos recomiendan reducir gradualmente la cantidad de sal y azúcar en las comidas diarias, y priorizar las especias naturales como ajo, jengibre, pimienta o hierbas aromáticas para realzar el sabor de los platos.