Según el Dr. Neeraj Dhamija (Consejero en Endoscopia, Láser y Cirugía General en el Hospital Sir Ganga Ram, Nueva Delhi, India), si no se trata, el hígado graso de nivel 3 puede progresar a afecciones más peligrosas como fibrosis o cirrosis. En esta etapa, las células hepáticas están llenas de grasa y afectan la función.
Un estudio de 2022 en la revista Clinical Sciences dijo que esta condición se identifica cuando la cantidad de grasa representa más del 66% del tejido hepático, a menudo acompañada de inflamación y daño celular.
Hay muchos factores que conducen a esta grave condición de grasa hepática. Lo más común es la obesidad, especialmente la grasa abdominal. Una dieta poco científica con mucho azúcar, carbohidratos refinados y grasas no saludables también son los principales factores.
Según un estudio de 2024 en el European Journal of Cardiology, los diabéticos tienen un mayor riesgo de enfermedad. Además, el alcohol, el colesterol alto, el estilo de vida sedentario y los factores genéticos también contribuyen a la rápida progresión de la enfermedad.
En las primeras etapas, la enfermedad generalmente no tiene manifestaciones claras. Sin embargo, al pasar al nivel 3, los pacientes pueden experimentar fatiga prolongada, dolor o malestar en la parte superior derecha del abdomen, pérdida de peso inexplicable, pérdida de apetito y náuseas. En casos graves, puede aparecer ictericia y ojos amarillentos. El diagnóstico requiere una combinación de examen clínico, análisis de sangre (medición de enzimas hepáticas como ALT, AST) y pruebas de imagen como ultrasonido, CT, MRI, FibroScan o biopsia hepática.
Actualmente, no se ha aprobado ningún medicamento específico para tratar directamente la hígado graso en etapa avanzada. El tratamiento se centra en abordar la causa raíz. Los médicos pueden recetar medicamentos para controlar la diabetes, la presión arterial o el colesterol para reducir la carga sobre el hígado.
Para proteger la salud del hígado, los expertos recomiendan construir un estilo de vida saludable y cambiar la dieta. En consecuencia, debe mantener al menos 150 minutos a la semana con ejercicios aeróbicos (caminar, nadar) o entrenamiento de fuerza para mejorar el metabolismo. Los pacientes no deben beber alcohol en absoluto para evitar más daño.
En cuanto a la alimentación, los pacientes deben priorizar las frutas, las verduras, los cereales integrales (avena, arroz integral), las proteínas magras (pescado, frijoles) y las grasas saludables. Por el contrario, deben evitar absolutamente el azúcar, las bebidas carbonatadas, los alimentos procesados, los alimentos fritos y el exceso de sal.
Si no se interviene, la enfermedad progresará a hepatitis grasosa no alcohólica (NASH), fibrosis, cirrosis (scaro hepático permanente), incluso cáncer de hígado o enfermedades cardiovasculares potencialmente mortales. Por lo tanto, los chequeos médicos periódicos y el asesoramiento médico temprano son extremadamente importantes para prevenir las peores complicaciones.