Gratitud filial

Punto de apoyo

|

Cuando era niño, sus padres ahorraban cada centavo por un sueño muy sencillo, para que sus hijos crecieran sin carencias. El dinero se guardaba en una caja de hierro, en el fondo del armario, en una libreta de ahorros, no para comprar una vida lujosa, sino para pagar la matrícula, comprar el primer coche para sus hijos, construir un techo para sus hijos o simplemente para que cuando sus hijos estuvieran enfermos todavía tuvieran dinero para llevarlos al hospital. En aquellos días, la gente ahorraba por sus hijos. Ahora, muchos padres todavía ahorran, pero para que algún día no tengan que molestar a sus hijos.