El incidente ha suscitado preocupaciones sobre una nueva escalada en el conflicto que se está extendiendo por todo Oriente Medio.
Según ISNA, este lugar fue alcanzado por un ataque de misiles directo el 7 de marzo, causando grandes daños a las estructuras internas. Sin embargo, hasta ahora no ha habido informes de fugas radiactivas.
El mismo día, el Centro de Sistemas de Seguridad Nuclear de Irán dijo que la instalación de irradiación gamma en la provincia de Isfahan fue atacada tanto por aire como por misiles en el ataque del 7 de marzo.
Según el periódico Eghtesadnews, las instalaciones de radiación gamma son lugares que utilizan radiación gamma para desinfectar equipos médicos, materiales industriales y muchos otros tipos de bienes. Estas instalaciones no son reactores nucleares, sino que sirven principalmente para fines industriales y médicos, con el fin de matar microorganismos.
Las autoridades iraníes enfatizan que este tipo de instalación no está directamente relacionada con el proceso de producción de combustible nuclear. Sin embargo, el hecho de que se conviertan en objetivos en ataques todavía preocupa a la opinión pública nacional sobre el riesgo de destrucción de la infraestructura civil.
Isfahan ha sido considerado durante mucho tiempo uno de los eslabones importantes del sistema de infraestructura nuclear de Irán. Tanto Israel como Estados Unidos creen que la mayor parte del combustible nuclear de Teherán se almacena en túneles subterráneos en esta zona.
Además de Isfahan, se cree que las reservas nucleares de Irán también están dispersas en instalaciones sólidas en Fordow y Natanz, lugares que fueron construidos bajo tierra para contrarrestar los ataques aéreos.
Desde la etapa inicial de la escalada militar actual, Estados Unidos e Israel se han centrado en atacar las entradas de los túneles en Isfahan y Fordow. Se cree que el objetivo de estos ataques es bloquear el acceso, evitar que Irán mueva o disperse los depósitos de combustible nuclear almacenados en el interior.
El último ataque se produce en un contexto de rápida escalada de la guerra entre Israel e Irán. Desde el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel han llevado a cabo numerosos ataques aéreos contra territorio iraní, causando grandes daños a la infraestructura y bajas civiles.
En respuesta, Irán lanzó continuamente misiles contra Israel, así como contra las bases militares estadounidenses en Oriente Medio.
En particular, los ataques aéreos anteriores han causado la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Seyyed Khamenei, y varios altos funcionarios, cambiando profundamente la situación política en Teherán y elevando las tensiones regionales a niveles sin precedentes.
La situación se volvió aún más compleja cuando las fuerzas armadas de Hezbolá el 2 de marzo anunciaron su participación en la guerra contra Israel. Tel Aviv luego anunció el lanzamiento de una ofensiva contra esta fuerza.
Con los ataques a instalaciones estratégicas como Isfahan, muchos expertos creen que el conflicto actual ya no se detiene en tácticas de disuasión limitadas, sino que se está acercando a una confrontación a gran escala en Oriente Medio.