El 2 de febrero, hablando en la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump anunció oficialmente el lanzamiento del programa de construcción de reservas nacionales para minerales importantes.
Destacó que el objetivo central de este proyecto es servir a "intentos civiles en tiempos de emergencia", asegurando que la economía estadounidense no se paralice cuando la cadena de suministro global se vea afectada.
Este proyecto tiene el nombre en clave "Project Vault". Según información de la Casa Blanca, en la fase inicial, esta iniciativa movilizará una enorme cantidad de capital de hasta 12 mil millones de dólares.
En el que, la estructura financiera está claramente dividida: 10 mil millones de dólares se extraerán del capital del Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos, y los 2 mil millones de dólares restantes provendrán de las contribuciones del sector privado.
El líder estadounidense se mostró muy optimista sobre la eficiencia económica del proyecto. "Esta iniciativa histórica es una estrecha combinación financiera. Incluso esperamos que los contribuyentes estadounidenses obtengan ganancias de los intereses de los préstamos utilizados para iniciar el proyecto Vault", declaró Trump.
Los observadores señalan que este movimiento de Estados Unidos es un paso para "copiar" el modelo de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) pero aplicarlo a la nueva era tecnológica.
Si el petróleo es la sangre de la industria del siglo XX, entonces los minerales estratégicos como el litio, el cobalto, el níquel o las tierras raras son la "materia prima vital" para el siglo XXI. Son componentes indispensables en todo, desde baterías de coches eléctricos, teléfonos inteligentes hasta sistemas de energía renovable.
El énfasis de Estados Unidos en los "objetivos civiles" y las "situaciones de emergencia" muestra la profunda preocupación de Washington por la vulnerabilidad de la cadena de suministro actual.
En el contexto de la compleja geopolítica mundial, la dependencia del suministro de minerales del extranjero se considera un gran riesgo de seguridad económica para Estados Unidos.
Al movilizar capital del Banco de Exportación e Importación, Estados Unidos quiere estimular la explotación y el almacenamiento de estos recursos dentro del país o de socios cercanos, en lugar de depender del mercado libre como antes.
Esta decisión también refleja la tendencia general de las potencias actuales de volver a consolidar la fuerza interna y establecer "zonas de amortiguamiento" seguras en recursos, preparándose para los peores escenarios posibles en el futuro.