La guerra de Irán está mostrando una regla familiar de Oriente Medio: las operaciones declaradas "limitadas" son muy propensas a convertirse en conflictos prolongados y generalizados.
Inicialmente, la campaña de ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán se consideró un golpe de alta intensidad pero a corto plazo. Sin embargo, a medida que los ataques se intensificaron, la guerra comenzó a salir de su alcance inicial y arrastró a más países de la región de Oriente Medio a una espiral de tensión.
Al mismo tiempo, la crisis está socavando una suposición que ha existido durante décadas de que Estados Unidos puede garantizar la seguridad absoluta de sus aliados árabes del Golfo.
Esto obliga a los países del Golfo a reconsiderar sus estrategias de seguridad. No están cortando las relaciones con Estados Unidos, sino que están buscando formas de diversificar los canales diplomáticos y de seguridad para reducir los riesgos en futuras crisis.
En este contexto, el papel intermediario de Rusia y el presidente Vladimir Putin está atrayendo la atención.
A principios de esta semana, Putin mantuvo una serie de conversaciones telefónicas con líderes de países del Golfo, incluidos los EAU, Qatar, Bahrein y Arabia Saudita.
Según el Kremlin, Rusia está dispuesta a utilizar las relaciones estratégicas con Irán para ayudar a reducir las tensiones y transmitir las preocupaciones de los países árabes a Teherán, especialmente en relación con los ataques contra la infraestructura de petróleo y gas.
La posición de Moscú es bastante especial. Rusia tiene una asociación estratégica con Irán, pero al mismo tiempo mantiene relaciones de trabajo estables con los países del Golfo.
En la diplomacia de crisis, este es el elemento central del papel intermediario: transmitir mensajes, aclarar las "líneas rojas" y reducir el riesgo de malentendidos que puedan intensificar la guerra.
Por ejemplo, en una conversación telefónica con el presidente de los EAU, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, se dice que Putin recibió un mensaje de que Abu Dhabi no permite que su territorio se utilice para atacar a Irán.
Rusia cree que la prioridad actual es evitar que el conflicto se extienda por toda la región del Golfo, porque una guerra a gran escala aquí tendrá consecuencias catastróficas para la economía mundial.
En un intercambio con el príncipe heredero Mohammed bin Salman de Arabia Saudita, Putin también advirtió del riesgo de "consecuencias catastróficas" si la guerra continúa escalando.
De hecho, Oriente Medio no carece de armas. Lo que más le falta a la región en este momento son puentes diplomáticos lo suficientemente fiables para que las partes transmitan mensajes y reduzcan las tensiones.
Con amplias relaciones en la región, Rusia está tratando de desempeñar el papel de puente. Si Moscú puede ayudar a reducir los ataques a la infraestructura energética del Golfo, no solo puede evitar la propagación de la guerra, sino también evitar un shock energético global.