La realidad muestra que algunas personas que hablan muy bien no necesariamente lo hacen bien. Por el contrario, las personas que hacen muy bien a veces no pueden comunicarlo de manera efectiva. Poniendo esto en el deporte, esta historia aparece más claramente, pero tampoco hay una respuesta común a la pregunta anterior.
Pueden ver que José Mourinho no tiene una carrera futbolística demasiado sobresaliente, pero es un buen entrenador. Zinedine Zidane es una leyenda en ambos roles. Frank Lampard es excelente como jugador, no es bueno como entrenador en el Chelsea pero tiene éxito en el Coventry City. O tiene un entrenador de pickleball muy bueno, pero en el campo solo juega a un nivel medio...
Hablar bien, hacer mal" es una distancia nada pequeña. Cuando hablas, estás en una zona segura, todo puede organizarse de manera coherente, razonable y convincente. Pero cuando te pones a trabajar, cuando compites tú mismo, la realidad no funciona según esa hermosa lógica.
Con la profesión de entrenador, también es necesario distinguir la diferencia entre dirigir un equipo y entrenar a un individuo. Para el colectivo, que es el trabajo de la estructura, el entrenador debe pensar en cómo 11 personas funcionan juntas. Al entrenar a un individuo, como el pickleball, por ejemplo, ya no hay eslabones interdependientes, el entrenador necesita decir lo correcto, decir con precisión. Aquí, las palabras están estrechamente ligadas a las acciones.
Lo que vale la pena mencionar es que estos dos entornos requieren dos tipos diferentes de "excelencia".
En el colectivo, el líder necesita la capacidad de organizar, gestionar a las personas y mantener la estabilidad. No necesariamente tienen que hacer bien cada movimiento, pero tienen que entender cómo funcionan las cosas juntas.
En la formación individual, el profesor necesita delicadeza. Tienen que ver los pequeños detalles, ajustar correctamente los cuellos de botella y tener suficiente paciencia para acompañar a los alumnos a través del proceso de cambio.
Volviendo a la historia de "hablar bien, hacer mal", quizás lo importante no sea hablar poco o hablar mucho, sino hablar y luego hacer cuántas partes. Porque al final, ya sea trabajando con un equipo o un individuo, o mirando hacia la vida social, lo que se conserva no es lo que se ha dicho, sino el valor, es el resultado creado.