Es decir, sin detenerse en el número de partidos de sanción fija, esta sentencia obliga a los jugadores que causan consecuencias a "compañear" con el tiempo de recuperación de sus colegas. La pregunta es, ¿es esta una sugerencia para que las federaciones de fútbol de todo el mundo investiguen este modelo de sanción para las faltas graves?
Durante muchos años, el marco de castigo para los golpes se ha detenido en un nivel limitado: suspensión de algunos partidos, prohibición de jugar durante algunas semanas con multas. Pero para las víctimas, el precio a pagar a veces es meses de tratamiento, entrenamiento para recuperarse, afectando la forma e incluso la carrera. El desvío entre el corto tiempo de "carcelamiento" del delincuente y los largos días de dolor de la víctima seguramente crea una sensación de injusticia en el campo.
Vincular el período de suspensión con el proceso de recuperación de la víctima tiene un gran significado disuasorio. Cuando el precio de un momento de impulsividad o un tacle brutal es un vacío en la carrera equivalente a la víctima, cada jugador tendrá que ser más cauteloso en cada decisión de balancear la pierna. A partir de ahí, la conciencia de proteger las piernas de los colegas tendrá una base para mejorar.
Por supuesto, institucionalizar una sanción como esa no es sencillo, porque requiere transparencia absoluta por parte de la salud para evitar el riesgo de abuso o prolongación del tiempo de curación virtual, así como muchos otros problemas relacionados.
Sin embargo, la investigación sobre un mecanismo de castigo compatible como ese también puede ser necesaria. El fútbol no puede simplemente proteger el partido con tarjetas rojas oportunas, sino que necesita sanciones lo suficientemente pesadas para proteger la vida profesional del jugador. Mirar la decisión del Tribunal de Brasil no es para imitar mecánicamente, sino para encontrar una balanza de justicia adecuada y más justa para las personas involucradas.