Dijo que por la mañana, justo al despertar, leía noticias, veía las redes sociales, navegaba por videoclips cortos. De camino al trabajo, continuó siguiendo los asuntos de las celebridades, los debates que estaban llamando la atención y las tendencias que acababan de aparecer. Al llegar a la oficina, aunque el trabajo aún estaba incompleto, todavía temía perderse alguna información.
Sabe que casi todo está siendo discutido. Quién acaba de hacer declaraciones controvertidas, qué película está siendo criticada, qué personaje acaba de convertirse en el centro de atención en las redes sociales. Siempre tiene algo que decir en breves conversaciones.
Entonces él mismo admitió que cuando necesitaba concentrarse en escribir un informe, leer un documento largo o pensar seriamente en el trabajo, se sentía vacío de mente. Las piezas de información que acababa de ver aparecieron una tras otra, pero no había nada lo suficientemente profundo como para ayudarlo a resolver el problema.
Y luego siento que he aceptado mucho pero casi no he hecho nada realmente importante.
Esa historia no es exclusiva de nadie.
En la era de los teléfonos inteligentes, la información aparece ante los ojos de las personas a una velocidad sin precedentes. Con solo tocar la pantalla una vez, podemos saber lo que está sucediendo en una ciudad remota, seguir la vida de personas que nunca hemos conocido o participado en un debate que no tiene nada que ver con nosotros.
La atención humana no es como un almacén ilimitado, que puede seguir acumulando información sin verse afectado. Lo que se ve con frecuencia se convertirá gradualmente en algo en lo que pensamos. Lo que se piensa muchas veces afectará las emociones, la percepción y la forma en que vemos el mundo.
Por lo tanto, elegir algo para ver también es elegir algo que vivirá en tu cabeza.
Proteger la concentración, por lo tanto, no se trata solo de apagar las notificaciones o intentar usar menos el teléfono. Lo más importante es identificar claramente qué contenido realmente vale la pena dedicar tiempo.
No es necesario saber todas las historias que se están discutiendo. No es necesario seguir todas las tendencias ni dar opiniones sobre todos los debates en línea. Hay cosas que saber más no hace que las personas sean más comprensivas, solo hace que la mente se vuelva ruidosa.
Una vida de calidad no se construye actualizando lo más posible. Se crea a partir de la capacidad de reconocer que el tiempo y la atención son limitados, y luego dedicar la mejor parte al trabajo que necesitas completar, a la persona que amas y a las habilidades que quieres llevar contigo durante muchos años.
Eligiendo qué ver, resulta que también estamos eligiendo los pensamientos, emociones y personas que nos convertiremos en.