Estaba acostumbrado a ese ritmo. Cada mañana, caminaba desde casa hasta la estacion de autobuses, caminando lo suficientemente rapido como para no llegar tarde, lo suficientemente lento como para no golpear a nadie. Tenia la costumbre de mirar a la calzada en la esquina de espera de la luz verde para ver rastros de aceite, una hoja cayendo, a veces una mascara que alguien habia perdido y rara vez, un raton aplastado probablemente cuando corria apresuradamente a cruzar la calle. La ciudad siempre deja huellas de viajes, pero rara vez guarda la cara.
Ella aparecio como si la gente esperara el semaforo: sin cita previa, sin tiempo para prepararse. Ella se paro junto a el en la estacion de autobuses, con una taza de cafe en papel en la mano. El olor a cafe mezclado con el olor a humo del coche formaba un sabor urbano caracteristico. Dos personas se pararon juntas, muy cerca, pero aun completamente extrañas. Luego llego el coche. La multitud subio y bajo. El y ella subieron al coche, se pararon uno frente al otro, con la mano pegada a la misma barra. El coche freno bruscamente, el se inclino suavemente, ella tambien se inclino suavemente. Un momento de desequilibrio comun hizo reir a ambos, una sonrisa muy pequeña, muy rapida, suficiente para reconocer la presencia del otro. En la ciudad, las conexiones suelen comenzar y terminar en la misma respiracion.
La vida urbana siempre esta en movimiento pero tambien siempre se detiene. La gente se detiene en un semaforo en rojo, se detiene en el ascensor, se detiene en una cafeteria al mediodia para responder a los correos electronicos. Esos parados son tan cortos que no hay tiempo para nombrarlos, pero sumados se convierten en toda una vida. Penso en eso cuando la vi bajar del coche primero, unirse a la multitud como si nunca hubiera estado a su lado. La ciudad se traga muy rapido, sin necesidad de permiso.
Por la tarde, la lluvia cayo repentinamente. Los aleros se convirtieron en un punto de encuentro temporal para extraños. Se refugio de la lluvia frente a una tienda las 24 horas del dia, los 7 dias de la semana y la vio de nuevo. Dijo casualmente algunas frases como "la lluvia es demasiado sucia, humeda". Luego la lluvia ceso, se saludaron sin pedir nombres, telefonos y, por supuesto, sin promesas de volver a encontrarse. Camino hacia el Este, ella giro hacia el Oeste. Se conocieron para saber que no era el unico que caminaba, y luego volvieron a caminar.
Por la noche, la ciudad encendio las luces. Se sento en la cafeteria, mirando el flujo de personas a traves de la ventana, pensando en ella, la vida urbana, la gente que siempre pasa entre si y desaparece. Pero precisamente en esas fugas, recordamos una sonrisa en el autobus, un ojo profundo que oculta muchas cosas, o un momento comun muy corto. Y eso es suficiente. Porque entre tantos movimientos, hay momentos de silencio muy suave, como cuando el y ella se pusieron uno al lado del otro, suficiente para recordar que estamos viviendo.