28 niños corresponden a 28 momentos de pánico, 28 familias con el corazón en pedazo y también son 28 advertencias claras sobre un problema que no es nuevo pero que siempre se subestima: la responsabilidad de los adultos en el cuidado de los niños.
En muchas historias de niños perdidos, las reacciones comunes de los adultos son: "Solo un poco descuidado", "demasiado lleno, así que no presta atención", "los niños corren demasiado rápido"... Pero esas razones, después de todo, no pueden ocultar una realidad: los niños no tienen la capacidad de protegerse como los adultos, por lo que cualquier "momento de descuido" de los adultos puede convertirse en un riesgo.
En lugares concurridos como playas, centros comerciales, festivales... con solo unos minutos de falta de atención, los niños pueden quedar atrapados en la multitud, perder la dirección e incluso enfrentarse al riesgo de accidentes, ahogamientos o ser explotados por malos. En ese caso, las consecuencias ya no son "un miedo", sino que pueden ser daños psicológicos prolongados o más graves.
Dejar que un niño se pierda no es simplemente un incidente, sino una manifestación de subjetividad en la responsabilidad del cuidado.
Hay opiniones de que, en las horas pico con decenas de miles de personas, el control es muy difícil. Eso es cierto, pero no puede convertirse en una razón para justificar la falta de preparación.
Porque precisamente en las condiciones de multitud, el riesgo es mayor, por lo que el requisito de responsabilidad debe aumentarse. Los adultos deben calcular proactivamente las situaciones: ¿Qué pasa si el niño se pierde? ¿Sabe el niño a quién buscar? ¿Recuerda su número de teléfono? ¿Puede identificar a las fuerzas de apoyo? Si no hay esas preparaciones mínimas, llevar al niño a lugares concurridos ya es un riesgo.
Prevenir que los niños se pierdan no es algo demasiado complicado, pero requiere disciplina y coherencia por parte de los adultos. En primer lugar, es necesario definir claramente quién es el principal responsable de cuidar a los niños en cada momento. No es que "todos cuiden" sino que en realidad "nadie cuida".
Segundo, mantenga siempre a los niños a la vista, especialmente en áreas peligrosas como playas, piscinas, calles concurridas. Si es necesario, tome la mano o utilice medidas de apoyo como pulseras de identificación, dispositivos de posicionamiento.
Tercero, enseñar a los niños habilidades básicas: recordar los nombres de los padres, los números de teléfono, saber buscar a las fuerzas funcionales o áreas de apoyo cuando se pierdan, no seguir a extraños.
Cuarto, establecer un "punto de encuentro seguro" antes de participar en actividades multitudinarias, para que los niños sepan qué hacer si no ven a sus seres queridos.
En el caso de Vũng Tàu, el hallazgo de 28 niños y su entrega segura a sus familias es un gran esfuerzo de las fuerzas de rescate y las unidades de apoyo. Pero esa no puede ser una "red de seguridad" para tranquilizar a los adultos.
La historia de 28 niños perdidos en Vũng Tàu debe convertirse en un recordatorio para los padres. Mantener a los niños seguros es lo más importante en todos los viajes con niños. La responsabilidad de los adultos es que cada viaje de vacaciones sea un viaje feliz y no se convierta en un recuerdo obsesivo con consecuencias impredecibles.