Pero detrás de esos unos minutos de frescura hay un gran riesgo de ahogamiento, especialmente en las zonas del río Rojo, lagos profundos, bancos de arena, zonas de remolinos, donde no hay fuerzas de rescate, no hay señales de advertencia y no se gestionan como puntos de natación seguros.
Los ríos y lagos naturales no se parecen a las piscinas. Las piscinas tienen un fondo plano, tienen profundidad controlada, tienen personal de rescate y áreas separadas para cada grupo de edad. El río Rojo o los lagos espontáneos tienen flujos cambiantes, fondo irregular, barro, obstáculos subterráneos, agujeros profundos repentinos, remolinos y muchos factores que no se pueden observar a simple vista. Las personas que saben nadar aún pueden estar en peligro cuando tienen calambres, se agotan, se ahogan, resbalan, se atascan en obstáculos o son arrastradas lejos por el agua.
El ahogamiento es peligroso porque ocurre muy rápido y suele ser silencioso. No siempre las víctimas gritan pidiendo ayuda, agitando la mano o forcejeando violentamente como mucha gente piensa. Hay casos en los que los niños solo resbalan en aguas profundas, entran en pánico y se hunden gradualmente mientras que los que les rodean no se dan cuenta.
Por lo tanto, la prevención y el control del ahogamiento no pueden detenerse solo en recomendaciones generales como "no nadar en ríos y lagos".
Lo que es más necesario es gestionar específicamente los puntos peligrosos. Las autoridades locales deben revisar las playas espontáneas, los lagos profundos, las zonas ribereñas donde la gente suele reunirse; colocar señales de advertencia claras; aumentar las patrullas en las horas pico de calor; manejar los puntos de servicio espontáneos e inseguros. Los lugares con alto riesgo necesitan cercas, instalar chalecos salvavidas, disponer números de teléfono de rescate y, al mismo tiempo, hacer propaganda regularmente a través de altavoces de barrio, redes sociales y grupos de residentes.
La familia tampoco puede dejar la responsabilidad a la escuela o al gobierno. Los padres deben explicar claramente a sus hijos los peligros de los ríos y lagos naturales, no dejar que los niños se bañen, pesquen o jueguen solos cerca de la orilla del agua; no dejar que los niños salgan en grupos de amigos sin la supervisión de un adulto. Para los adultos, especialmente los adolescentes, es necesario abandonar la mentalidad de ignorar los riesgos. Una tarde calurosa puede encontrar muchas formas más seguras de refrescarse: ir a una piscina gestionada, elegir un espacio público adecuado, beber suficiente agua, evitar salir a la luz del sol abrasador. No se debe beber alcohol y luego bajar al agua; no nadar solo; no nadar en zonas con señales de prohibición; no nadar cuando estés cansado, hambriento, acabas de comer o no conoces bien el terreno.
En la temporada alta de calor del verano, el mensaje que hay que repetir es: No conviertan los ríos y lagos en "piscinas espontáneas" y no permitan que la subjetividad de los adultos se convierta en el dolor de toda la familia.