El camino a la escuela de cientos de niños no son pasos en la superficie plana de la carretera, sino un viaje a través del río Xà Lò lleno de riesgos.
La imagen de padres y madres cargando a sus hijos a través del río todos los días no solo hace que los espectadores sientan lástima, sino que también plantea una gran pregunta sobre la responsabilidad de garantizar la seguridad de los niños y la gente.
Solo una fuerte lluvia, el agua se vuelve feroz, fluye rápidamente. Solo un resbalón, un remolino, las consecuencias pueden ser irreversibles.
El riesgo de ahogamiento siempre está presente, no en teoría, sino en cada sesión de escuela.
Para las familias con dos o tres hijos pequeños, los padres tienen que llevar a cada niño a través del río, llevar a uno y luego regresar para recoger al otro.
Un viaje repetido en medio de una corriente de agua rápida, nadie puede estar tranquilo cuando tiene que "apostar" la seguridad de su hijo todos los días.
En la temporada de lluvias e inundaciones, la situación es aún más grave. El nivel del río sube, cortando completamente el camino a la escuela, y los niños se ven obligados a faltar a la escuela durante largos días.
El aprendizaje se interrumpe, lo que conlleva consecuencias a largo plazo en conocimiento, psicología y oportunidades de desarrollo. La brecha educativa entre las zonas difíciles y las zonas favorables se amplía cada vez más, no debido a la capacidad, sino a las condiciones de acceso.
El gobierno local no se queda al margen, se han emitido muchas recomendaciones, pidiendo a la gente que no cruce el río a cuesta abajo cuando sea peligroso.
Pero la recomendación no puede reemplazar la infraestructura. Dar un rodeo de hasta 20-30 km, la gente no tiene otra opción que aceptar el riesgo de cruzar el río.
El problema central radica en la infraestructura de transporte, un puente comunitario no solo ayuda a las personas a viajar de forma segura, sino que también abre oportunidades para el desarrollo económico, la educación y la salud.
Según los cálculos locales, si hubiera un puente, la distancia desde Lang Trang hasta el centro de la comuna sería de solo unos 3-4 km, en lugar de tener que dar vueltas de decenas de kilómetros.
Los beneficios no solo se calculan en tiempo, sino también en la seguridad y el futuro de cientos de niños.
La comuna de Son Thuy tiene actualmente casi 1.500 hogares aislados por los ríos. Esta ya no es una historia privada de una aldea o comuna, sino un problema de desarrollo regional.
Invertir en puentes comunitarios en este caso no es una prioridad, sino una emergencia. Cada día de retraso es un día más que los niños tienen que enfrentar el peligro.
Los puentes no solo conectan las dos orillas del río, sino que también conectan oportunidades. Ha llegado el momento de tomar una decisión de inversión para poner fin a la escena de llevar a los niños a cruzar el río en Lang Trang.