El Crystal Palace venció al Rayo Vallecano por 1-0 para ganar el primer título europeo en la historia del club. El héroe del representante inglés fue Jean-Philippe Mateta con el único gol al comienzo de la segunda mitad, cerrando un viaje memorable bajo Oliver Glasner.
Fiel a la naturaleza de una final, ambos equipos entraron en el partido con cautela y crearon un partido reñido durante la mayor parte de la primera parte. El Rayo Vallecano fue el equipo que jugó de forma más proactiva gracias a su superioridad en el control del balón. El representante español creó continuamente presión con ataques rápidos por la banda derecha.
Isi Palazon y Alemao tuvieron oportunidades de abrir el marcador, pero no pudieron vencer a la defensa del Palace. Mientras tanto, el Crystal Palace tuvo muchas dificultades para organizar el ataque y casi no creó ocasiones claras.
No fue hasta el último minuto del tiempo añadido de la primera parte que el equipo inglés tuvo la primera situación notable cuando Tyrick Mitchell cabeceó desviado del poste tras un centro preciso de Adam Wharton. Glasner abandonó el campo con una expresión pensativa después de los primeros 45 minutos de desventaja. Sin embargo, el Palace cambió por completo después del descanso.
Justo al comienzo de la segunda parte, Adam Wharton lanzó un disparo peligroso que impidió que el portero Augusto Batalla atrapara el balón. Jean-Philippe Mateta apareció inmediatamente en el momento justo para rematar y batir la red del Rayo Vallecano, marcando el único gol del partido.
El gol que abrió el marcador ayudó al Crystal Palace a jugar con mucha más confianza. Yeremy Pino casi duplica la ventaja con un tiro libre que golpeó ambos postes, antes de que Mateta continuara enviando el balón a la portería en el rechace posterior.
En los últimos minutos del partido, el Rayo Vallecano presionó con todas sus fuerzas cuando el entrenador Inigo Pérez envió a una serie de jugadores ofensivos al campo. Sin embargo, la defensa del Crystal Palace bajo el mando de Maxence Lacroix se mantuvo firme ante toda la presión.
Cuando sonó el pitido final, los jugadores del Palace se derrumbaron en el campo con una felicidad desbordante.