Ruben Amorim del Manchester United parece haber "revuelto" el manual tactico de Enzo Maresca, leyendo cuidadosamente de principio a fin y luego eligiendo los detalles mas controvertidos para convertirlos en un desafio directo a la propia directiva de los "Diablos Rojos".
Ya sea intencional o no, Amorim se esta acercando al guion que experimento el ex entrenador del Chelsea. Maresca cierra 18 meses en el poder justo el dia de Año Nuevo, despues de criticar publicamente el sistema operativo en Stamford Bridge en repetidas ocasiones.
Maresca, quien la temporada pasada llevo al Chelsea a ganar un billete para la UEFA Champions League y la UEFA Conference League, antes de ganar la Copa Mundial de Clubes de la FIFA en julio, no nombro a ningun individuo cuando se menciono "la peor 48 horas".
Aunque los desacuerdos de Maresca con la compleja estructura de poder en el Chelsea, donde existen dos dueños, 5 directores deportivos y un departamento medico que opera casi de forma independiente, no son algo nuevo, el ex entrenador del Leicester City todavia intenta evitar apuntar directamente a un objetivo especifico.

Amorim no es asi. En una tensa rueda de prensa tras el empate 1-1 con el Leeds United, pidio publicamente al director de futbol Jason Wilcox y al equipo de scouts que "hagan su trabajo correctamente", y pidio que se le diera el papel de "manager, no entrenador".
En esencia, Amorim fue nombrado entrenador por el Man United cuando llego a Old Trafford procedente del Sporting CP en noviembre de 2024. Por lo tanto, el hecho de que enfatizara su deseo de convertirse en el propio "director" ya es una declaracion de poder.
Mas peligrosamente, al nombrar especificamente a los responsables de los traspasos, Amorim casi encendio la lucha interna por el control en el club. Y es dificil encontrar otra explicacion que eso. Amorim seguramente entiende las consecuencias.
El capitan de 40 años quiere que la directiva del Man United, incluidos Wilcox, el director ejecutivo Omar Berrada y el accionista minoritario Sir Jim Ratcliffe, de luz verde para reforzar la plantilla este mismo mes, con el fin de aumentar las posibilidades de ganar un billete para la Liga de Campeones la proxima temporada.
Sin embargo, despues de perder al delantero Antoine Semenyo del Bournemouth, quien se dice que esta a punto de completar un traspaso de 65 millones de libras al Manchester City esta semana, Amorim anuncio que no hara mas esfuerzos para fichar a un nuevo jugador.
Ese mensaje refleja una paradoja. El dinero puede estar destinado a Semenyo, pero no es suficiente para otros objetivos, algo que Amorim parece no aceptar. Y cuando se le pidio que aclarara esa declaracion, enfatizo aun mas su indignacion.
Lo notable no es solo el contenido, sino la propia palabra elegida por Amorim. Cuando se le pregunto sobre las declaraciones anteriores, respondio: "Noto que ustedes (los medios) solo reciben informacion seleccionada sobre todo".
Creer que los periodistas que siguen al Man United estan recibiendo "informacion selectiva" significa que Amorim sospecha que existe una campaña de orientacion para distorsionar el mensaje que envia al exterior. Esta es una señal desfavorable para cualquier entrenador en jefe en un entorno inherentemente sensible como el Man United.

Paralelamente, al repetir el argumento "soy gerente, no entrenador" (con ejemplos de colegas como Thomas Tuchel, Antonio Conte y Jose Mourinho), Amorim esta exigiendo un nivel de control que su puesto actual no le garantiza.
Esta situacion recuerda lo que sucedio en el Chelsea bajo Maresca. Desde la restriccion del derecho a intervenir en las decisiones medicas hasta la imposibilidad de influir lo suficiente en el departamento de transferencias para traer jugadores experimentados, algo que Maresca cree que es necesario para elevar el equipo.
Amorim ahora tambien se encuentra en una posicion similar. Para cualquier entrenador en jefe, la combinacion de resultados en declive y tension con la clase directiva siempre es una "mezcla" peligrosa. Amorim, al hablar con franqueza, se ha puesto en una zona de riesgo grave en Old Trafford.