
Áreas como Chernóbil (Ucrania) o Fukushima (Japón) a menudo se consideran lugares gravemente contaminados por radiación. Sin embargo, uno de los organismos más tolerantes a la radiación conocidos nunca ha vivido allí. La bacteria antigua Thermococcus gammatolerans puede soportar niveles de radiación de hasta 30.000 gramos, aproximadamente 6.000 veces más altos que los niveles que pueden ser mortales para los humanos.
Este microorganismo vive en la cuenca de Guaymas en el Golfo de California (México), a una profundidad de unos 2.600 metros bajo el nivel del mar. Esta es una zona con fuentes hidrotermales que liberan continuamente fluidos ultracalientes y ricos en minerales en un entorno oscuro, de alta presión y casi sin oxígeno.
Thermococcus gammatolerans fue descubierto cuando los científicos utilizaron submarinos para recolectar muestras en fuentes de hidrógeno. En el laboratorio, un equipo de investigación dirigido por Edmond Jolivet del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia irradió las muestras con rayos gamma. Una cepa de bacterias continuó creciendo incluso cuando estaba expuesta a niveles extremadamente altos de radiación.
Es de destacar que esta capacidad de resistencia a la radiación no es necesaria en el hábitat natural de las bacterias. Thermococcus gammatolerans prospera a temperaturas de alrededor de 88 grados C y utiliza compuestos de azufre para sobrevivir.
Un estudio del genoma publicado en 2009 mostró que esta especie de bacteria no posee un sistema de reparación del ADN superior. Sin embargo, experimentos posteriores mostraron que el nivel de daño causado por la radiación fue menor de lo esperado, y que la mayor parte del daño se solucionó rápidamente gracias a las enzimas de reparación que funcionan eficazmente.
Los científicos creen que el entorno de vida hostil en la boca de la fuente hidrotermal podría ser la causa de esta capacidad especial. Condiciones como altas temperaturas, altas presiones y fuertes reacciones químicas también pueden dañar el ADN, obligando a los microorganismos a desarrollar mecanismos de protección eficaces.
La tolerancia a la radiación de Thermococcus gammatolerans se considera una consecuencia del proceso de adaptación al entorno extremo, en lugar de evolucionar directamente para resistir la radiación. Esto sugiere que los mecanismos que ayudan a los organismos a sobrevivir en condiciones adversas pueden aportar capacidades que van mucho más allá de las necesidades iniciales.