El diente de león contiene muchos compuestos biológicos como flavonoides, ácido fenólico, sesquiterpeno lactona y taraxasterol.
Estas sustancias tienen fuertes propiedades antioxidantes, que ayudan a neutralizar los radicales libres, una de las causas del daño a las células hepáticas y promueven la progresión de enfermedades como el hígado graso o la hepatitis crónica.
Una revisión científica publicada en 2025 muestra que los dientes de león tienen la capacidad de regular las vías inflamatorias y el estrés oxidativo, reduciendo así el daño hepático causado por el alcohol, los medicamentos y las toxinas ambientales en modelos experimentales.
Estos hallazgos muestran que los dientes de león no desintoxican directamente el hígado en el sentido de eliminar toxinas, sino que apoyan el hígado mediante el fortalecimiento del sistema antioxidativo endógeno, mejorando el flujo biliar y reduciendo las respuestas inflamatorias.
El hígado desintoxica mediante dos fases metabólicas, en las que las enzimas transforman las toxinas en formas fácilmente solubles para su eliminación a través de la bilis o la orina. Los dientes de león apoyan este proceso a través de tres mecanismos principales:
Estimula la secreción de bilis: Las hojas y las raíces de diente de león tienen el efecto de aumentar la producción y circulación de bilis, ayudando al hígado a eliminar los productos metabólicos de colesterol y bilirrubina de manera más efectiva.
Antioxidación de las células hepáticas: Los flavonoides y los polifenoles protegen las membranas celulares hepáticas de los radicales libres.
Efecto diurético leve: Los dientes de león ayudan a aumentar la secreción de orina, apoyando así la eliminación de metabolitos a través de los riñones.
El diente de león se usa a menudo en forma de decocción o té. Una receta sencilla: 20-30 g de hojas o raíces secas de diente de león; 1-1,5 litros de agua; hervir durante 10-15 minutos, beber durante el día.
Los dientes de diente de león frescos se pueden usar para cocinar sopa o secar al sol para preparar té como té de hierbas. Los estudios demuestran que las raíces de diente de león contienen un mayor contenido de sustancias activas que las hojas, por lo que se utilizan a menudo en preparaciones para apoyar el hígado.
Aunque se considera relativamente seguro, los expertos médicos aún recomiendan no usar dosis altas o prolongadas sin indicación. Algunas personas pueden experimentar efectos secundarios como hinchazón, alergias o interacciones con diuréticos y anticoagulantes.