Los estudios demuestran que la menta contiene muchos compuestos biológicos como mentol, mentón, flavonoides, ácido rosmarinico y otros polifenoles. Estas sustancias tienen fuertes propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Según estudios publicados en el National Center for Biotechnology Information, el extracto de menta tiene la capacidad de neutralizar los radicales libres y proteger las células del daño oxidativo, el principal factor que causa la disfunción renal.
La menta también contiene algunos minerales como el potasio, que contribuye a mantener el equilibrio electrolítico, un factor importante para la función renal.
El estrés oxidativo juega un papel central en muchas enfermedades renales crónicas. Los flavonoides y los polifenoles de la menta ayudan a reducir la peroxidación de los lípidos, proteger las membranas celulares renales y mejorar la función de filtración.
Algunos estudios preclínicos han demostrado que el extracto de menta puede reducir el daño renal causado por productos químicos o medicamentos.
Compuestos como el ácido rosmarinico de la menta tienen la capacidad de inhibir las citocinas inflamatorias. Esto ayuda a limitar la inflamación crónica, un factor que disminuye la función renal con el tiempo.
Según los Institutos Nacionales de Salud, el control de la inflamación y el estrés oxidativo son dos estrategias clave para proteger los riñones y prevenir la enfermedad renal crónica.
La menta se considera que tiene efectos refrescantes y diuréticos. Desde una perspectiva moderna, este efecto puede ayudar a aumentar la secreción de orina, apoyando la eliminación de residuos como urea y creatinina.
Sin embargo, la eficacia diurética de la menta es leve y debe combinarse con una dieta con suficiente agua para lograr el efecto.
Según la Organización Mundial de la Salud, mantener una dieta rica en plantas que contengan antioxidantes es uno de los factores importantes que ayudan a proteger la función de los órganos, incluidos los riñones.
La menta se puede utilizar de forma flexible en la dieta:
Comer crudo: mantener los ingredientes activos y las vitaminas intactos;
Té de menta: mezclar hojas frescas o secas con agua caliente;
Batidos o agua de desintoxicación: combinados con limón, pepino;
Especias en los platos: aumenta el sabor y el valor nutricional.
Se recomienda usar entre 10 y 20 g de hojas frescas al día, lo cual es adecuado para personas sanas.