Que un niño haga una rabieta es una situación que cansa a muchos padres, especialmente cuando el niño llora fuerte, grita o se tumbe en medio de una multitud. No pocos padres, debido a la presión, regañan o complacen a sus hijos para "dejarlo en paz", pero esta forma de manejarlo a menudo hace que el comportamiento de hacer una rabieta se repita más.
Según los psicólogos, la simulación es una reacción común en los niños pequeños cuando no saben cómo controlar sus emociones. Si los padres se calman y actúan correctamente, los niños aprenderán gradualmente a estabilizar sus emociones en lugar de usar el llanto para lograr lo que quieren.
A continuación, se presentan 4 pasos para calmar la rabieta de su hijo que los padres deben aplicar.
Paso 1: Mantén la calma y no reacciones con demasiada fuerza.
Lo más importante cuando un niño hace una rabieta es que los padres deben controlar sus emociones primero. Si los padres gritan o se enojan, el niño se excitará aún más y le resultará difícil parar. Cuando vea que su hijo comienza a llorar fuerte, respire profundamente y mantenga la voz tranquila.
Paso 2: Saca a tu hijo del lugar que lo excita.
Si los niños hacen rabietas en lugares concurridos, supermercados o parques infantiles, los padres deben llevar a sus hijos a un lugar más tranquilo. Un ambiente ruidoso puede hacer que los niños exploten aún más emocionados. Solo cambiando el espacio, las rabietas pueden disminuir más rápidamente.
Paso 3: Reconoce los sentimientos de tu hijo pero no cedas irrazonablemente
Muchos niños hacen rabietas porque quieren ser entendidos y nombrados. Los padres pueden decir brevemente que entienden que su hijo está triste o enfadado. Sin embargo, no deben responder inmediatamente a una petición irrazonable, porque los niños aprenderán que simplemente llorar está bien.
Paso 4: Haz una elección sencilla para que tu hijo se enfríe.
Después de que el niño haya dejado de llorar, los padres deben hacer 2 opciones suaves para que el niño sienta que tiene derecho a decidir. Por ejemplo, si el niño quiere beber agua o sentarse a descansar un rato. Cuando el niño tiene una opción, las emociones se calmarán más rápido y será más fácil cooperar.
De hecho, la simulación es parte del proceso de desarrollo de los niños. Lo importante no es apagarla de inmediato, sino ayudar a los niños a aprender a regular sus emociones. Cuando los padres son pacientes y manejan de manera consistente, las simulaciones disminuirán gradualmente con el tiempo.