Después de los primeros días de entrar en el nuevo año escolar, algunos niños todavía están preocupados, se aferran a sus padres, evitan ir a clase o tienen cambios psicológicos y de vida inusuales. El psicólogo Hoàng Anh - Oficina de Voice of Therapist - ha señalado los signos que los padres deben tener en cuenta cuando los niños tienen dificultades para adaptarse al entorno de aprendizaje.
Preocupación excesiva al mencionar ir a la escuela
Un poco de nerviosismo y ansiedad ante el nuevo entorno es una reacción normal en los niños. Sin embargo, si solo se menciona ir a la escuela, los niños ya han reaccionado con mucha fuerza, como llorar violentamente, entrar en pánico, decir continuamente que no quieren ir o tratar de evitar y esta situación se repite durante muchos días, los padres deben prestar atención.
Difícil de separarse de los padres o cuidadores
No es anormal que los niños se aferren a sus padres en los primeros días de escuela. Cabe destacar que los niños no pueden separarse de sus cuidadores incluso en circunstancias familiares.
Por ejemplo, los niños que han estado con abuelos, familiares o cuidadores conocidos todavía reaccionan violentamente cuando los padres se van, piden continuamente que los acompañen o no pueden calmarse. Esto muestra que la capacidad del niño para adaptarse a la separación de los cuidadores puede estar teniendo dificultades.
Aparición de manifestaciones físicas
Algunos niños no dicen directamente que tienen miedo de ir a la escuela, sino que expresan estrés a través de su cuerpo. Los niños pueden quejarse con frecuencia de dolor de estómago, náuseas, dolor de cabeza, dificultad para dormir o fatiga cuando llega el día de la escuela.
Cambios notables en la vida y el comportamiento
La ansiedad por ir a la escuela también puede manifestarse a través de cambios que los padres pueden notar fácilmente en la vida diaria. Los niños pueden comer peor, tener dificultades para dormir, dormir poco profundamente, ser irritables, sensibles, retraídos o volverse opuestos.
Pánico o evitación prolongada
Una reacción fuerte en los primeros días no es suficiente para concluir que el niño no está preparado. Sin embargo, si el niño a menudo intenta evitar ir a la escuela, se asusta al salir de casa, llora durante mucho tiempo, se resiste violentamente o la situación no muestra signos de disminuir gradualmente a pesar de haber sido apoyado, los padres deben prestar más atención a su hijo.
Sin embargo, según los psicólogos, los padres no deben confiar en una sola manifestación para concluir que el niño no está listo para ir a la escuela. Es importante controlar las emociones, el comportamiento y la capacidad de adaptación del niño en general. A veces, el niño no está necesariamente listo, sino que simplemente no está lo suficientemente preparado para el proceso de transición.