Mucha gente dice que dar a luz a una hija es un regalo. Porque las hijas suelen ser cariñosas, delicadas, saben preocuparse y son fáciles de tocar los corazones de sus padres con las cosas más pequeñas. Pero cuanto mayores son, más se dan cuenta los padres: criar a una hija feliz no es simplemente darle buena comida, vestirse bien o estudiar bien.
Es un largo viaje, que requiere comprensión y también arte en la forma de amar.
Las chicas necesitan ser amadas de la manera correcta, no amarse demasiado.
No pocos padres aman a sus hijas, por lo que las protegen y las hacen todo por ellas. Pero cuanto más protegen, más vulnerables y dependientes son sus hijas. Las hijas necesitan ser amadas, pero también necesitan ser entrenadas en valentía.
Una chica feliz no es una chica que nunca haya tropezado, sino una chica que sabe cómo levantarse después del daño.
Enseñar a las hijas a tener confianza en sí mismas es el mayor regalo.
Muchas niñas crecen bajo la presión de ser obedientes, ser buenas, ser hermosas, complacer a los demás. Con el tiempo, las niñas forman hábitos de vida para complacer a todos, pero olvidan sus propias emociones.
Los padres deben enseñar a sus hijos que tienen derecho a decir no, tienen derecho a protegerse y tienen derecho a vivir de acuerdo con sus valores.
Una frase "No necesitas ser perfecto, solo necesitas ser tú mismo" a veces te salva de años de inseguridad.
No me enseñes a soportar.
Muchos padres enseñan involuntariamente a sus hijas a ser pacientes, a guardar silencio, a saber "sufrir pérdidas" para calmar las cosas. Pero una chica que siempre soporta fácilmente se convertirá en una persona adulta débil, fácilmente herida en las relaciones.
La felicidad de las chicas no proviene del sacrificio ciego, sino de la capacidad de saber limitarse y respetarse a sí mismas.
Enseñar a los niños a amar su cuerpo
Muchas niñas crecen con críticas como "demasiado gordas", "demasiado feas", "cuerda tan oscura". Las frases que parecen involuntarias pueden convertirse en una obsesión que hace que las niñas se odien a sí mismas.
Los padres deben ayudar a sus hijos a entender que su cuerpo es algo que vale la pena apreciar. Pueden cuidarse para estar sanos, no para gustar a los demás.
Una chica feliz necesita crecer en seguridad.
A las niñas se les debe enseñar sobre seguridad personal, límites corporales y cómo reaccionar ante el peligro. Esta es una lección más importante que las calificaciones.
Además, también necesitas una familia donde te escuchen, te respeten y se te permita expresar tus emociones.
Tener una hija es un regalo, pero criarla para que se convierta en una chica feliz es el arte de la paciencia. Los padres no pueden decidir la vida de su hija, pero pueden decidir cómo se ve a sí misma.
Y eso te seguirá toda la vida.