Los exámenes se han convertido durante mucho tiempo en un "punto caliente" psicológico en muchas familias vietnamitas. No pocos padres consideran el examen como el único punto de inflexión del futuro, convirtiendo involuntariamente la presión en una carga sobre los hombros de sus hijos. Algunas personas han compartido sentimientos de "shock", "querer huir" cuando obtienen puntajes bajos o "fallan" sus deseos, incluso cayendo en un estado de silencio y decepción prolongado después de conocer los resultados del examen de sus hijos.
Esas emociones son reales, pero si no se controlan, pueden convertirse en la segunda herida para el niño que ya está bajo la presión del examen.
Lo primero que los padres deben entender es que la puntuación del examen no es la única medida del valor de una persona. Un examen, por importante que sea, es solo un pequeño corte en el largo viaje de una persona. Cuando los padres depositan todas sus expectativas en un solo resultado, invisiblemente están reduciendo el futuro de sus hijos en su propia preocupación.
En realidad, muchos psicólogos han recomendado a los padres que mantengan la calma, escuchen y acompañen a sus hijos después de los resultados del examen. En lugar de regañar o decepcionar, lo que más necesitan sus hijos en este momento es un apoyo espiritual para no perder la confianza en sí mismos.
Porque después de cada examen, lo más vulnerable no son las notas, sino la sensación de "no soy lo suficientemente bueno" a los ojos de los padres. Una frase involuntaria como "por qué soy tan malo" puede hacer que el niño se retraiga, pierda motivación e incluso tenga miedo de intentarlo la próxima vez. Por el contrario, una palabra de aliento oportuna puede ayudar al niño a levantarse más rápido que cualquier método educativo.
Los padres deben reconocer que: No rendir bien el examen no significa que haya fracasado. Puede que el niño no haya tenido suficiente tiempo, no haya utilizado el método correcto o simplemente no sea adecuado para ese examen. Pero eso no niega la capacidad, las cualidades o el futuro del niño.
En el camino de la madurez, el fracaso es una parte inevitable. Muchas personas exitosas de hoy han fallado muchas veces sus aspiraciones, han vuelto a examinarse o han tomado otros caminos como la formación profesional, la universidad o comenzar de nuevo. Lo importante no es qué camino tomar, sino si tienes suficiente fe para seguir adelante o no.
Un examen puede terminar, pero el viaje de un niño nunca se detiene ahí. Y en ese viaje, los padres no son quienes supervisan los resultados, sino quienes los acompañan.
Finalmente, lo más necesario después de cada temporada de exámenes no son los reproches o las comparaciones, sino la calma, la comprensión y la paciencia. Porque no hay caminos de éxito iguales y tampoco hay un solo boleto para entrar en el futuro.
Cuando los padres están lo suficientemente tranquilos como para ver a su hijo como una persona en crecimiento, no como un "panel de calificaciones", entonces, independientemente de los resultados del examen, su hijo aún puede seguir caminando, más firme, más seguro y no solo.