Este programa extracurricular muestra que la protección de la naturaleza debe comenzar desde la educación, desde la conciencia de los niños incluso cuando todavía están en la escuela.
Una pintura de 10 metros de largo en el barrio de Hai Chau es una forma de sembrar en el alma de los niños el amor por la naturaleza con emociones, con experiencia y con la vibración ante la belleza.
En esa pintura hay langures de canillas rojas - la "reina de los primates" de la península de Sơn Trà, el mar azul de Cù Lao Chàm, aves raras en Sông Đầm, elefantes salvajes de Nông Sơn y el verde del bosque, del mar, de la vida.
Más importante aún, existe una forma de educación muy civilizada.
No son discursos rígidos, no son solo teoría en clase, los niños pueden sostener directamente el pincel, contemplar la naturaleza, visitar Sơn Trà, escuchar a expertos en conservación contar historias sobre la biodiversidad.
Un niño apasionado por colorear imágenes de langures de canillas rojas, ese niño difícilmente puede ser indiferente a la escena de animales salvajes siendo cazados.
Comprendiendo el valor del bosque y la vida silvestre desde pequeños, los niños serán más responsables cuando crezcan.
Esa es la raíz de la protección del medio ambiente.
Durante muchos años, hemos hablado mucho sobre la conservación de la naturaleza. Pero en realidad, los bosques todavía están siendo dañados, los animales salvajes todavía son asesinados, las trampas para animales todavía cubren muchos bosques.
Parte de la razón radica en la limitada conciencia pública.
Para cambiar eso, hay que empezar por la educación.
Programas como pinturas de naturaleza, exposiciones de fotografía de biodiversidad, concursos "Campanas en el bosque", llevar a los estudiantes a Sơn Trà para ver langures de marfil... son "clases verdes" más animadas y emotivas que muchas lecciones teóricas.
Porque el amor por la naturaleza no puede ser forzado por lemas, sino que debe nutrirse por la experiencia real, por el arte, por las emociones y la conexión.
Cuando la pintura está asociada al medio ambiente, los niños no solo aprenden a dibujar, sino que también aprenden a amar la vida que les rodea. Un trazo de pincel de hoy puede convertirse en la conciencia de proteger el bosque de mañana.
Una pequeña actividad en Da Nang pero de gran significado, proteger la naturaleza no es algo lejano para el mundo, sino que comienza con la propia comunidad donde vivimos.
Cada localidad puede hacerlo.
Una escuela puede organizar un festival de la naturaleza, un parque puede convertirse en un espacio de educación ambiental, un viaje de campo puede cambiar la percepción de los participantes.
No dejes que los niños solo conozcan la naturaleza a través de las pantallas de los teléfonos.
Dejen que los niños vean el bosque real, el mar real, las aves reales y entiendan que esa vida necesita ser protegida.
Una sociedad amante de la naturaleza debe comenzar con clases que sepan vibrar ante el verde de la vida.