Tensión prolongada
Cuando el estrés persiste, los niveles de cortisol pueden mantenerse altos durante mucho tiempo, alterando el ritmo circadiano natural del cuerpo, especialmente haciendo que el cortisol aumente por la noche, momento en el que esta hormona debería haber disminuido.
Esta condición hace que el sistema nervioso simpático esté constantemente activo, mientras que el sistema nervioso parasimpático, que juega un papel en la relajación y recuperación del cuerpo, no puede ser eficaz. A largo plazo, el aumento del cortisol debido al estrés crónico puede aumentar el riesgo de resistencia a la insulina, enfermedades cardiovasculares, ansiedad y depresión.
Falta de sueño, sueño de mala calidad
El hábito de quedarse despierto hasta tarde para navegar por las redes sociales, ver películas o trabajar puede alterar el ciclo de secreción de cortisol. Las personas que no duermen lo suficiente a menudo tienen niveles más altos de cortisol por la noche.
En personas sanas, el cortisol baja al nivel más bajo a primera hora de la noche y aumenta gradualmente para alcanzar su punto máximo por la mañana. Sin embargo, la falta de sueño prolongada hace que esta diferencia se reduzca, alterando el ritmo de la secreción de hormonas.
No solo causa fatiga y falta de lucidez durante el día, sino que el cortisol elevado por la noche también promueve la resistencia a la insulina, reduce la capacidad de controlar el azúcar en sangre, los trastornos hormonales, aumenta el apetito y contribuye a la acumulación de grasa visceral, además de aumentar el riesgo de síndrome metabólico.
Un sueño deficiente y un cortisol alto pueden formar un círculo vicioso: la falta de sueño aumenta el cortisol, mientras que un cortisol alto te dificulta conciliar el sueño. Para romper este círculo vicioso, mantenga un horario de sueño regular, duerma de 7 a 9 horas cada noche y priorice la calidad del sueño.